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Diez elevadores pueden ser demasiados para un edificio y completamente insuficientes para otro. Esa aparente contradicción explica por qué contar elevadores dice mucho menos de un inmueble de lo que solemos creer. Lo importante no es cuántos tiene, sino si su infraestructura vertical corresponde al tamaño y la altura que debe atender.
Según datos de SiiLA, los edificios A+ cuentan en promedio con ocho elevadores, los A con cuatro y los B con tres. A primera vista, la diferencia parecería confirmar que un mayor número de elevadores equivale a un mejor edificio. Sin embargo, al considerar simultáneamente el área bruta rentable (ABR) y el número de pisos, que en conjunto aproximan la demanda potencial de transporte vertical, esa diferencia prácticamente desaparece, lo que confirma que el número de elevadores responde principalmente a las dimensiones del edificio y no a su clasificación comercial.¹
Pero las dimensiones del edificio solo responden cuántos elevadores necesita; no cómo deben operar. Ahí es donde entra la inteligencia del sistema. Diversas investigaciones muestran que añadir cabinas suele ser la solución menos eficiente y, en muchos casos, la más costosa. Por eso, estrategias como la zonificación de elevadores, la anticipación de la demanda mediante sensores o los algoritmos adaptativos de despacho pueden reducir los tiempos de espera alrededor de 20% en promedio y hasta 70% bajo condiciones de alta demanda, sin incorporar un solo elevador adicional.²
La magnitud del reto puede apreciarse en algunos de los edificios de oficinas más grandes del país. En Ciudad de México existen torres corporativas con más de 40 elevadores, como la Torre BBVA sobre Paseo de la Reforma, mientras que complejos como Arcos Bosques, en Santa Fe, operan con alrededor de diez por torre. En ambos casos, el desafío no consiste únicamente en mover una cabina, sino en coordinar decenas de viajes simultáneos para miles de ocupantes a lo largo del día.
Pero ¿cómo se sabe si un sistema de elevadores realmente funciona bien? La literatura especializada propone medir dos cosas: la calidad del servicio, reflejada en el tiempo que esperan los usuarios, y la cantidad del servicio, determinada por la capacidad del sistema para movilizar personas durante los periodos de mayor demanda. Como referencia, un edificio de oficinas debería mantener esperas promedio inferiores a 28 segundos y ser capaz de transportar entre el 12% y el 15% de sus ocupantes en cinco minutos durante la hora pico.³
No obstante, la demanda de transporte vertical no permanece constante a lo largo del día. La llegada matutina, el periodo de comida y la salida vespertina generan patrones de tráfico distintos. Paradójicamente, el mayor volumen de viajes se concentra durante el periodo de comida, cuando el sistema debe atender simultáneamente a quienes salen y a quienes regresan al edificio. Además, las horas pico no forman un flujo continuo, sino una sucesión de subpicos de corta duración que los promedios horarios suelen ocultar. Por ello, un sistema eficiente no opera con una estrategia fija durante toda la jornada, sino que adapta continuamente la asignación de cabinas conforme cambia el patrón de demanda.⁴
¿Por qué importa todo esto? Porque, al final, los elevadores no administran únicamente el flujo de personas; administran el tiempo que cada ocupante pierde o gana dentro del edificio.
En ese sentido, un experimento realizado en un edificio de oficinas encontró que el estrés de los usuarios se relaciona más con el tiempo que creen haber esperado que con el tiempo efectivamente transcurrido. A partir del modelo desarrollado, los autores estiman que la tensión percibida aumenta de forma importante cuando la espera ronda un minuto. El estudio también encontró que esperar genera más estrés que el propio recorrido y que la ocupación de la cabina incrementa la tensión percibida. En consecuencia, mejorar un sistema de elevadores también puede consistir en reducir la incertidumbre mediante información en tiempo real, indicadores del tiempo restante o incluso elementos tan simples como espejos.⁵
Los tiempos de espera no solo afectan a las personas. También tienen consecuencias económicas para los edificios. Un sistema de transporte vertical menos eficiente implica mayores costos de operación y mantenimiento, menor productividad de los ocupantes y, en última instancia, una menor capacidad del inmueble para generar valor. Parte de ese impacto se explica porque los elevadores normalmente representan entre el 2% y el 10% del consumo energético de un edificio, y hasta 40% durante los periodos de mayor demanda.⁶
En conjunto, estos hallazgos muestran que un elevador es mucho más que un medio de transporte dentro de un edificio. Es una infraestructura que condiciona simultáneamente la experiencia de los ocupantes, la eficiencia operativa y el desempeño económico del inmueble.
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¹ Resultados obtenidos mediante un modelo lineal generalizado de Poisson con función de enlace logarítmica, estimado sobre una muestra de 157 edificios de oficinas de los mercados de Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Querétaro, con información completa de área bruta rentable (ABR), número de pisos, año de entrega y número de elevadores. La utilización del modelo se justificó por la ausencia de sobredispersión relevante (índice de dispersión = 0.91). La especificación incluyó el logaritmo natural del ABR, el número de pisos, el año de entrega centrado en 2000 y la clase comercial del edificio (B como categoría de referencia). El ABR (p < 0.001) y el número de pisos (p < 0.001) mostraron asociaciones estadísticamente significativas con el número esperado de elevadores, mientras que la clasificación comercial no presentó coeficientes estadísticamente significativos (Clase A: p = 0.326; Clase A+: p = 0.300). Los errores estándar corresponden al estimador robusto HC3. Adicionalmente, se identificaron 14 observaciones potencialmente influyentes mediante la distancia de Cook (umbral = 4/n). La reestimación del modelo tras excluir dichas observaciones mantuvo las conclusiones principales, lo que respalda la robustez de los resultados.
² Liu, Dynamic Planning of Office Building Elevator Scheduling (2024); Choi, Cho y Bahn, An Energy-Efficient Elevator Operating System that Considers Sensor Information and Electricity Price Changes in Smart Green Buildings (2019); Pepyne y Cassandras, Optimal Dispatching Control for Elevator Systems During Uppeak Traffic (1997). Según estos estudios, la zonificación consiste en asignar grupos específicos de pisos a distintos elevadores; la anticipación de la demanda utiliza sensores para detectar la intención de uso antes de que el usuario presione el botón de llamada; y los algoritmos adaptativos de despacho ajustan continuamente la asignación de cabinas según el estado del sistema y el flujo de pasajeros para reducir los tiempos de espera y, en algunos casos, el consumo de energía.
³ Russell, Elevator Systems (2021).
⁴ Shi, Xu y Choi, Gaussian Analysis of the Elevator Traffic under the Typical Office Building (2024). Con base en datos monitoreados entre las 6:30 y las 18:30 horas, los autores identifican tres periodos principales de demanda (entrada, comida y salida), observando que el mayor volumen de tráfico ocurre durante el periodo de comida (136 pasajeros), por encima de la llegada matutina (113) y de la salida vespertina (108), debido a la coexistencia de flujos de salida y regreso. Asimismo, muestran que cada periodo está integrado por varios subpicos de corta duración y concluyen que la operación del sistema debe adaptarse continuamente al patrón de demanda predominante. El ajuste del modelo LS-SVM fue considerablemente mayor para el flujo de entrada (R² = 0.9786) que para el tráfico agregado del día (R² = 0.6345), lo que evidencia que los distintos tipos de demanda presentan grados de predictibilidad diferentes.
⁵ Shiomi, Kakio y Miyashita, How Long Is Too Long? Examining Waiting Times and Stress in Human-Elevator Interaction (2025).
⁶ Al-Kodmany, Tall Buildings and Elevators: A Review of Recent Technological Advances (2024).







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