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En la que ya se perfila como una de las fusiones más relevantes de la industria de bebidas en la última década, Keurig Dr Pepper —dueño de marcas como 7UP, Dr Pepper, Peñafiel y Snapple— anunció la compra del gigante neerlandés del café y el té JDE Peet’s por 15,700 millones de euros.
Tras la creación de Keurig Dr Pepper en 2018, resultado de la fusión entre Keurig y Dr Pepper, el grupo ha profundizado su apuesta por el café. Ahora suma más de 50 marcas presentes en 100 países. La estrategia es clara: crear un gigante cafetero —Global Coffee Co.— capaz de competir con Nestlé y, en paralelo, consolidar una división de refrescos —Beverage Co.— que busca crecer en el mismo tablero que Coca-Cola y PepsiCo.
Aunque se trata de una operación con alcance mundial, América Latina emerge como un eje central.
En Brasil, JDE Peet’s obtiene el 14% de sus ingresos globales con marcas emblemáticas como Pilão, Maratá y Café do Ponto. México, en cambio, no pesa tanto en las cifras —pues fuera de Estados Unidos KDP apenas genera el 13% de sus ventas— pero sí en la estrategia: ahí la compañía controla Peñafiel, concentra casi una cuarta parte de su flota de distribución en Norteamérica —lo que convierte al país en un puente logístico hacia Estados Unidos— y lo utiliza como laboratorio global por ser uno de los mercados de bebidas más competidos del mundo.
¿Y esto cómo impacta al mercado inmobiliario comercial? ¿Se puede esperar una expansión tras la fusión?
Por ahora, la huella ya es considerable. En Brasil, donde según SiiLA el sector de alimentos y bebidas ocupa cerca del 10.5% del inventario industrial, KDP y JDE Peet’s mantienen al menos dos almacenes en el norte y, aunque gran parte de la producción y distribución depende de socios comerciales, desde 2024 cuentan con una oficina en Varginha (KDP Brasil Global Sourcing) que funciona como centro logístico, de adquisiciones y de control de calidad. En México, donde el sector representa el 7%, la compañía opera tres plantas, unos 25 centros de distribución y sus oficinas centrales en la Torre Esmeralda III de la capital.
Conforme el mercado crezca, es razonable anticipar que el espacio industrial del sector se expanda con él. Solo en 2024, el negocio latinoamericano de bebidas carbonatadas superó los 60,000 millones de dólares y el de café rondó los 10,000 millones, según la consultora Informes de Expertos. Para 2034, ambos segmentos se proyectan al alza, con tasas anuales de 2% y 3.9%, respectivamente.
Detrás de este crecimiento yace un doble rol de la región. Por un lado, América Latina no solo es un mercado de consumo clave, sino sobre todo un pilar en la producción de café: más de la mitad de los granos verdes que se exportan en el mundo provienen de la región, con Brasil y Colombia a la cabeza. Por otro, concentra cerca de una cuarta parte de la demanda global de refrescos, con mercados como Argentina, México, Chile y Uruguay entre los más dinámicos.
Para Keurig Dr Pepper, el doble papel de América Latina la convierte en más que un mercado atractivo: es el eje que puede inclinar el tablero global del negocio. Porque en un mercado donde cualquier disrupción puede alterar las cadenas de valor —por regulación, clima, costos o competencia— no solo puede reconfigurarse el mapa regional, sino redefinir la jerarquía mundial de las bebidas frías y calientes. En ese sentido, América Latina funciona como aduana de precios, logística y comercio, capaz de acelerar o frenar la dinámica planetaria. Ahí no solo se mide, sino que se decide el verdadero alcance de la apuesta.
Para conocer más sobre el sector y sus protagonistas, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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