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Laura se levanta todos los días a las 5:30 de la mañana, no porque su trabajo lo exija, sino porque vivir en Nezahualcóyotl y trabajar en Polanco significa dedicar tres horas y media diarias a un trayecto que agota tanto el cuerpo como el ánimo. A las 7:00 a.m., comienza su maratón: combis abarrotadas, transbordos en el metro y, a veces, un recorrido adicional en Metrobús para llegar a su oficina. Cuando finalmente comienza su jornada a las 9:00 a.m., ya ha pasado dos horas enfrentando la ciudad.
Por la noche, la historia se repite. Tras salir de la oficina a eso de las 6:00 p.m., Laura encara un regreso igual de tedioso. Entre filas, vagones saturados y el tráfico interminable, llega a casa a las 9:00, sin tiempo ni energía para otra cosa más que cenar, dormir y prepararse para repetir el ciclo. “Es como si mi vida se resumiera en ir y venir del trabajo”, explica con resignación.
Su historia no es única. Es el reflejo de una realidad que enfrentan millones de trabajadores en México, donde el promedio de tiempo en transporte público es de 71 minutos diarios, según la Cepal. Este desgaste no sólo erosiona la calidad de vida; también redefine la relación entre las personas y los espacios donde trabajan.
Con más de 900 edificios corporativos de alta y mediana gama en los principales mercados del país —Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Querétaro— de acuerdo con SiiLA, el problema no se limita al trayecto. Muchas oficinas no logran compensar el esfuerzo que implica llegar hasta ellas, mucho menos inspirar o motivar. ¿Qué pueden hacer las empresas para cambiar esta realidad? ¿Cómo pueden transformar sus oficinas en herramientas capaces de atraer y retener talento?
La ubicación es un factor crucial, sí. Pero no basta con estar en una zona de prestigio como Polanco en Ciudad de México o Puerta de Hierro en Guadalajara. Cada vez más, los empleados valoran oficinas conectadas con sistemas de transporte público, cercanas a servicios esenciales y, en la medida de lo posible, más próximas a sus hogares. Empresas como Grupo Kaluz, que ofrece subsidios para el transporte público, y BBVA México, que implementa rutas corporativas para reducir los tiempos de traslado, han tomado medidas concretas para aliviar la carga diaria de sus empleados. Estas iniciativas buscan mejorar la calidad de vida y reforzar el compromiso empresarial con los empleados.
Reducir los tiempos de traslado, sin embargo, es apenas una pieza del rompecabezas. Una vez en la oficina, el entorno debe motivar, no únicamente satisfacer. En primera instancia, está el diseño físico. Cambios aparentemente simples, como renovar el mobiliario, incorporar colores más vivos o añadir áreas comunes modernas, pueden ser un buen comienzo. Estos ajustes mejoran la estética y envían un mensaje inmediato de modernidad y cuidado hacia los empleados. Sin embargo, su impacto, aunque efectivo a corto plazo, se desvanece si no se acompaña de transformaciones más profundas que respondan a las necesidades reales de los equipos de trabajo.
Un ejemplo claro de estas transformaciones es la accesibilidad. Las oficinas inclusivas son una exigencia ética y legal, y también un diferenciador estratégico para atraer y retener talento. Las oficinas de Nu, en México, ilustran este enfoque. En sus más de 10,000 m² repartidos entre Work Polanco y Masaryk 111, los espacios cuentan con rutas amplias y libres de obstáculos, estaciones táctiles para personas con discapacidades visuales y family rooms diseñados para atender necesidades específicas. Este tipo de diseño responde a las demandas normativas y refleja una creciente tendencia: la creación de espacios que permitan a los empleados desempeñarse con autonomía y en igualdad de condiciones.
Además, en un mercado laboral donde el modelo híbrido es la norma, las oficinas deben transformarse en espacios dinámicos. Esto implica áreas flexibles que se adapten a distintas necesidades: estaciones de trabajo compartidas, zonas para la colaboración temporal y espacios privados para la concentración individual. Las oficinas del futuro no son rígidas; son entornos vivos, diseñados para evolucionar con sus ocupantes.
La sostenibilidad es otro elemento indispensable. En un entorno donde las preocupaciones ambientales son cada vez más relevantes, los empleados valoran trabajar en oficinas que reflejen un compromiso genuino con el medio ambiente. Google lo entiende bien: sus oficinas en Montes Urales 445, Ciudad de México, ocupan más de 8,700 m² con certificación LEED Platinum, destacando por su bajo impacto ambiental. El diseño interior incorpora materiales de baja emisión de compuestos orgánicos volátiles (VOC), alfombrados ecológicos y madera certificada, además de promover el reciclaje con botes especializados. Estas características proyectan una identidad corporativa alineada con la sustentabilidad y crean un entorno que fomenta la creatividad y el desarrollo profesional.
La sostenibilidad es sólo uno de los aspectos que ejemplifican un concepto más amplio y crucial: la coherencia institucional. Las oficinas que realmente destacan son aquellas que alinean su diseño, funcionalidad y propósito corporativo. No basta con ser funcional y atractivo; un espacio debe reflejar la misión y los valores de la empresa. Si una organización valora la innovación, su oficina debe inspirar creatividad; si promueve la inclusión, el entorno debe garantizar que todos se sientan cómodos y respetados.
Al final del día, para Laura y millones como ella, las oficinas no son simplemente un lugar de trabajo, sino un reflejo del tiempo, esfuerzo y prioridades que definen sus vidas. El trayecto extenuante y la desconexión entre los espacios corporativos y las realidades de quienes los ocupan son un recordatorio de que las decisiones empresariales deben ir más allá de lo funcional.
Un espacio laboral puede ser más que un lugar para cumplir metas; puede ser el puente entre el talento y el propósito de una organización. Cuando las oficinas reflejan los valores de la empresa, dejan de ser simples estructuras para convertirse en herramientas que dignifican la vida cotidiana. Y en un mercado laboral donde el tiempo y el bienestar son los recursos más preciados, esta transformación ya no es opcional.
Mientras tanto, Laura sigue enfrentando su maratón diaria, pero su historia también es un llamado. Las oficinas del futuro deben reflejar el presente y, además, ser cimientos para construir un mañana donde el trabajo y la vida no estén en conflicto, sino en armonía.
Para conocer más sobre cómo las oficinas están transformando el mercado laboral y cómo redefinen las prioridades empresariales, visita SiiLA REsource o contáctanos en contacto@siila.com.mx.











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