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La industria mexicana no avanza en bloque. Los datos de producción y de ocupación industrial muestran un patrón selectivo, donde el crecimiento se concentra en pocas cadenas productivas, mientras el resto del aparato manufacturero apenas mantiene el ritmo.
Por un lado, el índice de volumen físico de la manufactura (INEGI), comparado con la base de 2018 y con la variación interanual más reciente, confirma esa divergencia. Solo algunas ramas —en particular las vinculadas a exportación y cadenas tecnológicas— se mantienen claramente por encima de su nivel prepandemia, mientras una parte relevante del aparato industrial aún opera cerca o por debajo de esa referencia.
El contraste se observa con nitidez en los niveles. Al cierre de 2025, el índice industrial total apenas se ubica 1.7% por encima del umbral de 2018 y la manufactura en su conjunto muestra un avance moderado. Sin embargo, al desagregar por sectores, la brecha se amplía: los segmentos de equipo de computación y componentes electrónicos (≈23%) y aparatos y equipo eléctrico (≈18%) registran expansiones claras frente al periodo prepandemia, mientras minería (≈-10%) y extracción de petróleo y gas (≈-9%) permanecen por debajo.
En la misma línea, subsectores como derivados del petróleo, electrónicos, maquinaria, alimentos y construcción se mantienen por encima del promedio del índice, mientras un conjunto amplio de industrias tradicionales —incluidas química, madera, muebles, confección y cuero— continúa rezagado e incluso registra caídas recientes. La tracción industrial se concentra, así, en actividades con mayor escala productiva, integración externa o demanda relativamente inelástica.
En el siguiente gráfico, el eje horizontal refleja la posición estructural de cada rama respecto a la base de 2018, mientras el eje vertical captura su variación anual reciente. La intersección de ambos planos permite distinguir qué sectores combinan expansión estructural con inercia vigente y cuáles permanecen en fases de ajuste o recuperación parcial. Los ubicados por encima del nivel base y con crecimiento positivo concentran hoy la mayor capacidad de tracción productiva y de absorción de espacio industrial; aquellos que se mantienen arriba de la base pero con caídas recientes apuntan a fases de maduración. En contraste, los sectores que avanzan desde niveles aún por debajo del umbral prepandemia reflejan recuperaciones de carácter cíclico, mientras que los que permanecen rezagados y en contracción configuran los principales focos de debilidad estructural.
La evidencia desde el mercado inmobiliario industrial apunta en la misma dirección. Datos de SiiLA muestran que, al cierre de 2025, la absorción de espacio se concentró en manufactura exportadora —como electrónicos, vehículos y bienes de capital— y en demanda interna y distribución —como bienes de consumo, servicios y logística—, segmentos que han concentrado la mayor parte de las absorciones de naves clase A y B en el último lustro.
Dentro de este grupo con mayor demanda, la subindustria automotriz sobresale: en los últimos doce meses explicó por sí sola más de 1.2 millones de metros cuadrados absorbidos, muy por encima del resto de las ramas.
La coincidencia es estructural. Las ramas que operan por encima de su nivel prepandemia son, en términos generales, las mismas que continúan expandiendo su huella inmobiliaria. Así, la industria mexicana está reasignando capacidad hacia los nodos más integrados a las cadenas globales de valor.
En ese entorno, los sectores que ya operan por encima de su nivel prepandemia parten con ventaja estructural, mientras las actividades rezagadas enfrentarán un margen de recuperación más estrecho y dependiente del ciclo externo.
La lectura de fondo es más matizada que un simple ciclo de expansión o debilidad. La industria mexicana muestra resiliencia en sus segmentos más integrados, pero también una base productiva menos uniforme que en ciclos previos. Para la inversión, el mensaje no es de retraimiento general, pues el entorno aún ofrece oportunidades, cada vez más concentradas en segmentos con demanda externa comprobada, contratos firmes y ventajas operativas tangibles.
Por ello, el reto para 2026 no será anticipar un viraje abrupto del ciclo industrial, sino identificar con precisión dónde persiste la inercia estructural y dónde la expansión reciente responde a impulsos transitorios. El riesgo, sin embargo, ya no está en el nivel agregado de actividad, sino en la dispersión sectorial que define quién captura la siguiente ola de crecimiento y quién permanece al margen.
Para más datos y análisis, explora SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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