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Cuando uno adquiere un producto con el distintivo oficial “Hecho en México”, acompañado por la silueta de un águila real, no está viendo simplemente una referencia a su origen, sino una certificación autorizada por la Secretaría de Economía. El sello reconoce productos elaborados o ensamblados en el país que cumplen estándares de calidad, priorizan insumos nacionales y atienden al menos uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
Hasta agosto de 2026, más de 5,400 empresas habían recibido autorización para utilizar el distintivo “Hecho en México” en determinados productos. De ese universo, al menos 205 ocupan 11.1 millones de metros cuadrados industriales en los principales mercados del norte, centro y Bajío mexicano, es decir, uno de cada nueve metros cuadrados industriales ocupados, según datos de SiiLA¹.
Esa enorme huella industrial adquiere mayor relevancia en el contexto comercial actual. México envía más del 80% de sus exportaciones de bienes a Estados Unidos, justo cuando Washington busca fortalecer las reglas de origen y reducir la participación de insumos ajenos a Norteamérica en las cadenas regionales. En ese escenario, una capacidad instalada vinculada con prácticas que favorecen insumos nacionales puede fortalecer proveedores y cadenas productivas locales y, al mismo tiempo, facilitar su integración con el principal mercado exterior del país.
Entre los sectores representados por este grupo de empresas, Alimentos, Bebidas y Tabaco concentra la mayor huella industrial, con 31% de la superficie identificada, seguido de Manufactura, con 25%. Transporte y Logística y Productos de Consumo añaden 23% y 18%, respectivamente, mientras el 3% restante se distribuye entre al menos seis sectores, incluidos Servicios Empresariales y Salud.
Detrás de esos porcentajes aparecen compañías que difícilmente podrían confundirse por su origen. Junto a grupos mexicanos como Bimbo, Liverpool² o Chedraui figuran multinacionales como Nissan, Samsung, Schneider Electric, Volkswagen y Mondelez.
Esa mezcla rompe una asociación habitual entre el origen de una empresa y el de los productos para los que está autorizada a utilizar el distintivo, pues la nacionalidad del capital no necesariamente determina dónde se genera el valor. Una multinacional, por ejemplo, puede incorporar insumos nacionales y realizar procesos productivos en México, mientras una compañía mexicana puede depender de componentes importados. La integración de ambas en cadenas globales hace entonces que la frontera entre producción nacional y extranjera dependa menos de quién es dueño de la empresa y más de dónde y con qué se produce.
La separación entre el origen del capital y el de la producción también aparece sobre el mapa. La huella inmobiliaria de las empresas identificadas se extiende precisamente por varios de los estados que más contribuyen a la actividad industrial no petrolera del país y, en algunos casos, también a la agropecuaria.
De acuerdo con SiiLA, dos terceras partes de la superficie identificada se concentran en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Mientras estos dos últimos mercados se encuentran en dos de los principales polos industriales del país —Nuevo León encabeza la actividad industrial no petrolera y Jalisco ocupa el tercer lugar, además de liderar la producción agropecuaria—, Ciudad de México sigue una lógica distinta. Aunque reúne la mayor parte de la superficie identificada, su peso en la producción industrial nacional es considerablemente menor y su liderazgo se encuentra en las actividades terciarias, donde genera el 21% del valor agregado del país. Esa diferencia también aparece en los metros identificados por SiiLA: Transporte y Logística concentra el 36%, casi el doble que Manufactura.
En conjunto, esta distribución muestra que la geografía de las empresas vinculadas con “Hecho en México” rebasa los lugares donde ocurre la producción. Su presencia en actividades que van desde la manufactura hasta la logística permite observar cómo la estructura empresarial asociada con la producción nacional puede extenderse territorialmente más allá del estado productor. Hacer en México, por tanto, no ocurre de manera aislada dentro de una fábrica, sino dentro de una economía capaz de abastecer, mover y llevar esa producción al mercado.
Para consultar más datos sobre el mercado industrial en México, visita SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.
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¹ Para identificar estas empresas, se cruzaron los reportes de autorizaciones del distintivo “Hecho en México” publicados por la Secretaría de Economía hasta el 31 de agosto de 2026 con los ocupantes industriales monitoreados por SiiLA al segundo trimestre del año. Se consideraron únicamente coincidencias de identidad verificadas y se sumó la superficie ocupada por cada empresa identificada. La superficie corresponde a la huella inmobiliaria de las empresas autorizadas y no implica que los inmuebles identificados fabriquen, almacenen o distribuyan los productos asociados con la autorización.
² La autorización de “Hecho en México” corresponde a productos y no exige que la actividad principal de la empresa autorizada sea fabricarlos, por lo que el listado puede incluir compañías dedicadas principalmente al comercio o la distribución, como Liverpool. La referencia a “PUBLICIDAD” que aparece en algunas autorizaciones, como las de Liverpool y Mercado Libre, deriva del registro de la marca ante el IMPI en la Clase 35, “Publicidad de productos producidos y fabricados en la República Mexicana”, y no significa que el servicio de publicidad esté certificado como “Hecho en México”. Las reglas de uso vinculan la autorización con productos fabricados, manufacturados o ensamblados en el país.







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