CONTENIDO EXCLUSIVO
Suscríbete a nuestro mailing list para recibir noticias del sector inmobiliario, eventos, insights y análisis.

Los mercados no cambian cuando se habla de cambio. Lo hacen cuando cambian las personas que toman las decisiones.
En el real estate comercial, ese proceso empieza a hacerse visible a medida que más mujeres participan en espacios donde se definen estrategias, transacciones y liderazgo dentro de la industria. Sus trayectorias muestran que la transformación del sector avanza de forma gradual —y todavía desigual—, recordando una lección básica de la economía: los mercados funcionan mejor cuando amplían la información con la que interpretan la realidad, y esa información proviene de las distintas experiencias de quienes participan en ellos.
Entre las plataformas que hoy articulan esa evolución se encuentra Commercial Real Estate Women, o CREW Network, una organización internacional fundada en Estados Unidos en 1989 que reúne a profesionales de todas las disciplinas del real estate comercial —desde brokerage y desarrollo hasta finanzas, derecho, arquitectura y consultoría— para fortalecer redes profesionales, generar oportunidades de negocio y promover mayor presencia femenina en los espacios de liderazgo del sector.
En México, donde el capítulo local comenzó a consolidarse en las últimas dos décadas, la organización funciona como un punto de encuentro entre distintas áreas de la industria.
Cinco de sus integrantes ofrecen una mirada directa a cómo evoluciona hoy el sector desde dentro del mercado. Sus historias muestran que ese cambio se construye en distintas etapas: entrar, competir, medir y entender cómo funciona realmente el sistema.
“El miedo rara vez desaparece antes de dar el primer paso”, dice Leticia. “Pero una vez que lo das, desaparece y sigue la inercia”.
Hace más de veinte años, ese paso la llevó al real estate industrial. Recuerda que entonces le parecía un sector poco glamuroso y se preguntaba si realmente era un espacio para ella, sobre todo porque el brokerage estaba dominado casi por completo por hombres.
Con los años entendió algo que hoy repite con frecuencia: muchas de las barreras que se perciben al entrar a un sector no están en el mercado, sino en la forma en que se imagina desde fuera. Una vez dentro, el prejuicio deja de importar y lo que queda es el trabajo.
En el industrial —dice— ese trabajo rara vez se repite. Cada proyecto obliga a entender operaciones, industrias y necesidades distintas de los clientes. Por eso, más que esperar a que el miedo desaparezca, su recomendación es entrar, aprender y dejar que la experiencia haga el resto.
“El miedo suele aparecer justo donde todavía no hay camino. Muchos espacios parecen cerrados hasta que alguien decide cruzarlos. Pasa lo mismo en el real estate, donde muchas fronteras del sector no están escritas. Existen mientras nadie las cruza... y cada vez más mujeres han decidido hacerlo”.
CREW es una señal de ese cambio.
Teresa pone sobre la mesa un contraste. En la industria mexicana de la construcción, aproximadamente el 4% de la fuerza laboral está compuesta por mujeres; y en el sector de servicios inmobiliarios, la cifra se acerca al 40%.
A lo largo de su carrera —que la ha llevado de la arquitectura al negocio inmobiliario corporativo— ha estado en más de una ocasión en salas de consejo donde era la única mujer. Esa experiencia le dejó clara una diferencia importante dentro del mercado: “Cada vez hay más mujeres trabajando en la industria, pero todavía son pocas las que participan en las decisiones estratégicas”.
Para Teresa, la clave no está solo en quién obtiene el puesto, sino en quién tiene la oportunidad de competir por él. En ese sentido, señala que una de las razones detrás de esa diferencia tiene que ver con algo menos visible que el talento o la preparación: las redes profesionales.
“Durante mucho tiempo los hombres desarrollaron redes profesionales muy sólidas”, dice. “A las mujeres nos ha costado más construirlas”. De ahí la importancia de organizaciones como CREW, que buscan precisamente fortalecer esas conexiones dentro del sector inmobiliario.
“Un network profesional no es tu grupo de amigas”, explica. “Es una red de personas que te ayudan a crecer, a aprender y a generar oportunidades de negocio”.
Teresa lleva más de 30 años en el sector. Pertenece a una generación que entró cuando muchas de estas conversaciones ni siquiera existían.
“En los noventa se valía todo”, recuerda. “No había reglas claras sobre discriminación o trato profesional. Simplemente aprendías a defender tu lugar en la mesa”. Por eso cree que avanzar no depende de imponer cuotas ni de forzar resultados, sino de algo más básico: abrir realmente los procesos donde se toman las decisiones.
“Cuando una empresa busca a alguien para una posición de liderazgo”, señala, “lo mínimo es que en ese proceso también haya mujeres consideradas”. Porque el problema no suele ser la falta de talento. Es que la competencia real muchas veces ni siquiera llega a ocurrir.
Montserrat cree que el sector inmobiliario enfrenta ahora un desafío distinto al de hace una década. Ya no se trata solo de abrir la conversación sobre liderazgo femenino, sino de demostrar con hechos que ese cambio está ocurriendo.
“Hemos avanzado”, dice, “pero no necesariamente al ritmo que el talento y la competitividad del mercado demandan. Un ejemplo claro es que la brecha salarial persiste incluso en niveles de alta especialización y liderazgo, lo cual evidencia que la igualdad de oportunidades aún no es una realidad plena”.
El reto ahora es otro: pasar del discurso a la evidencia.
“Tenemos que demostrar con datos el impacto económico de la diversidad”, señala. “La participación de mujeres líderes impulsa innovación, competitividad y resultados”.
En ese sentido, la conversación sobre diversidad en el sector inmobiliario deja de ser únicamente una cuestión de representación o justicia y se convierte también en un tema de competitividad empresarial. Por eso, desde su próxima presidencia en CREW México, su objetivo es impulsar acciones concretas, métricas y compromisos medibles dentro de la industria.
Porque cuando algo empieza a medirse, también empieza a compararse. Es entonces cuando una conversación deja de ser aspiración y se convierte en un estándar de mercado, explica Montserrat.
Natalia llegó al real estate casi por accidente. Hace más de veinte años, una entrevista en Cushman & Wakefield que parecía destinada a un puesto de recepción terminó en otra cosa: “Me dijeron que no tenía carácter para recepcionista. Que tenía carácter de broker”.
Con los años entendió que dominar el mercado —precios, tendencias, disponibilidad, contratos— no bastaba. El cambio decisivo en su carrera llegó cuando dejó de estudiar solo hard skills y empezó a trabajar en liderazgo, negociación y manejo de personas.
“Durante mucho tiempo pensé que para trabajar en un mercado dominado por hombres tenía que comportarme como ellos”, recuerda. “Después entendí que el valor está justamente en lo contrario”.
En su experiencia, la diversidad no es solo un principio abstracto, sino una ventaja concreta en las transacciones.
“Si todos pensamos igual dentro de la caja, no hay margen para una negociación distinta”, dice.
Lo que Natalia sugiere, en el fondo, es algo más amplio: un mercado donde todos piensan igual no solo excluye; también negocia peor. En consecuencia, más que por corrección política, la diversidad agrega valor porque introduce preguntas, matices y salidas que un mercado homogéneo muchas veces no ve.
Parte de ese cambio, dice, también pasa por construir redes profesionales donde esas perspectivas distintas puedan encontrarse. Ahí es donde una diferencia individual empieza a convertirse en una ventaja colectiva para el sector.
Jimena fue parte del pequeño grupo que impulsó la creación de CREW México. El proceso no fue inmediato: durante casi dos años trabajaron en los aspectos legales y organizativos necesarios para consolidar la institución a nivel local.
“Fue un proyecto que empezó con pura pasión”, recuerda. “Sabíamos que en México hacía falta empujar más el liderazgo femenino dentro del sector”, ya que, a nivel nacional, “solamente el 2% de los líderes inmobiliarios son mujeres”.
Su propia trayectoria refleja, asimismo, cómo ha cambiado el mercado.
Formada como arquitecta, durante muchos años su trabajo se concentró en el diseño de proyectos. Con el tiempo entendió que, para crecer dentro del real estate, la especialización técnica no era suficiente.
“No te puedes quedar solo en tu disciplina”, dice. “Tienes que entender el negocio completo: las alianzas, los clientes, la estrategia”. Ese aprendizaje —añade— rara vez se enseña en las universidades. Por eso insiste en que las nuevas generaciones deberían formarse también en ventas, números y desarrollo de negocio.
“Puedes ser excelente en lo que haces”, explica. “Pero si no entiendes cómo se generan los proyectos y cómo se sostienen, tu crecimiento siempre tendrá un límite”. “Fíjate en el outcome de los proyectos”, señala.
Desde su experiencia, el sector inmobiliario funciona como un ecosistema donde convergen múltiples especialidades, decisiones y relaciones profesionales. Entender cómo se conectan todas esas piezas —y trabajar con las personas que las hacen posibles— es lo que finalmente permite construir una carrera dentro del sector.











Suscríbete a nuestro mailing list para recibir noticias del sector inmobiliario, eventos, insights y análisis.
