CONTENIDO EXCLUSIVO
Suscríbete a nuestro mailing list para recibir noticias del sector inmobiliario, eventos, insights y análisis.

En México, las oficinas también beben. Y no poco. Cada día, los espacios corporativos ocupados en el país absorben alrededor de 46.8 millones de litros de agua: lo suficiente para llenar casi 19 albercas olímpicas o para abastecer, durante un día entero, a 32,000 hogares mexicanos de cuatro personas. Litros que no se ven, pero que fluyen —fuera del radar público— por las tuberías que limpian, que enfrían, que sirven café o que descargan los inodoros. Agua que se usa sin ruido, aunque no sin consecuencia.
Esa cifra, más que un estimado, es una radiografía operativa del país. México cuenta con casi 9.4 millones de metros cuadrados de oficinas ocupadas, según SiiLA Market Analytics. Con una densidad promedio de 10 metros cuadrados por persona, eso equivale a más de 936,000 oficinistas que utilizan —directa o indirectamente— aproximadamente 50 litros diarios de agua.
¿Importa ese consumo? Sí, y más de lo que parece. El agua usada en oficinas equivale al 13.7% del consumo diario que una persona promedio utiliza en casa, de acuerdo con estimaciones de SiiLA basadas en datos de ONU-Habitat y otras fuentes oficiales. Pero mientras en el hogar el agua es esencial, en muchos entornos corporativos se destina a procesos integrados al confort, la operación y la imagen, cuyo impacto raramente se pone en tela de juicio. Y sin embargo, esto ocurre en un país donde, según la CONAGUA, el 42.8% del territorio enfrenta condiciones de sequía, y más del 59% presenta algún nivel de afectación por falta de agua.
Pero no todo es omisión. Algunos edificios ya operan con criterios de eficiencia, y los números lo demuestran. De acuerdo con el U.S. Green Building Council, los inmuebles certificados bajo estándares sustentables como LEED logran, en promedio, ahorros de hasta 11% en consumo de agua frente a edificios tradicionales. En México, uno de cada cinco edificios de oficina en los principales mercados inmobiliarios ya cuenta con este tipo de certificación, según datos de SiiLA Market Analytics. Y aunque aún son minoría, estos espacios concentran el 35% del área bruta rentable corporativa del país.
El potencial de ahorro no es marginal. Si ese 11% se aplicara al total de superficie certificada actualmente ocupada, el país evitaría el uso de más de 1.8 millones de litros de agua al día, equivalentes al consumo doméstico diario de más de 1,200 hogares mexicanos promedio.
Ese potencial ya se manifiesta en edificios certificados existentes, muchos de los cuales han incorporado sistemas de captación pluvial, tratamiento de aguas grises, sanitarios de bajo consumo y grifería inteligente. Pero su adopción aún es limitada. La mayoría de las oficinas siguen operando bajo esquemas tradicionales, sin medición eficiente, ni incentivos regulatorios claros para reducir su huella hídrica.
Según el U.S. Green Building Council, edificios en la Ciudad de México como la Torre Mayor o el Showroom de Von Haucke en la Torre Magenta han logrado reducir su uso de agua potable hasta en un 30%, gracias a estrategias que combinan eficiencia tecnológica, diseño inteligente y sistemas de captación y reutilización.
Ahorrar agua no es solo una cuestión técnica: también es una cuestión de justicia. En un país donde millones de personas enfrentan interrupciones en el suministro, baja presión o fuentes contaminadas, cada litro que se gasta sin necesidad en un espacio corporativo es un litro que no llega a donde más se necesita. El confort hídrico de unos ocurre, muchas veces, a costa de la incertidumbre de otros. Por eso la eficiencia no puede verse como una opción estética o económica, sino como un deber estructural.
En ese sentido, la regulación ya no se queda atrás. En la Ciudad de México, todos los nuevos edificios de oficinas deben cumplir con lineamientos que reducen su huella hídrica desde el diseño.
La Norma Técnica Complementaria para el Proyecto Arquitectónico exige que toda construcción con más de 200 metros cuadrados de azotea incorpore sistemas de captación pluvial, y que los inmuebles no habitacionales con más de 1,000 metros cuadrados integren soluciones para tratar y reutilizar sus aguas residuales. También obliga a instalar muebles sanitarios eficientes —como inodoros y lavabos de bajo consumo— y a separar las redes de agua potable y tratada, con señalización clara para evitar confusiones. Nada de esto es voluntario. Forma parte de un nuevo estándar urbano donde la eficiencia hídrica ya no es una opción, sino una obligación. Porque el agua no solo se consume: se decide. Y decidir bien —cuando aún es posible— es la única forma de no tener que hacerlo cuando ya sea tarde.
Para saber más sobre las tendencias que están marcando el desarrollo del mercado de oficinas en México, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











Suscríbete a nuestro mailing list para recibir noticias del sector inmobiliario, eventos, insights y análisis.
