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México no necesariamente está extrayendo muchos más minerales, pero sí moviendo mucho más comercio alrededor de ellos, según datos del INEGI.
Mientras la producción minerometalúrgica del país acumuló una contracción anual compuesta de 2.4% entre 2016 y 2025 —con un arranque mixto en 2026, tras avances en enero y febrero seguidos de una corrección en marzo—, el comercio del sector siguió expandiéndose con fuerza: las exportaciones crecieron a una tasa anual de 8.9%, las importaciones 8.3% y el flujo comercial total 8.5%.
El contraste sugiere que el país se está integrando más rápido a cadenas manufactureras e industriales de lo que está expandiendo proporcionalmente su capacidad extractiva. Ese reacomodo también se refleja al interior de la propia producción.
Los metales industriales no ferrosos —cobre, zinc y plomo, insumos ligados a electrificación, manufactura avanzada y cadenas productivas vinculadas al nearshoring— son el único segmento con una trayectoria consistentemente ascendente: su índice pasó de 112.5 en 2024 a 117.7 en 2025 y rondó 121 en los primeros meses de 2026.
En cambio, los metales preciosos —utilizados tanto como reserva de valor como en componentes electrónicos y tecnológicos— y los siderúrgicos —clave para manufactura pesada e infraestructura industrial— mostraron trayectorias más variables, aunque relativamente estables frente al año previo. Y los minerales no metálicos —asociados principalmente a construcción e infraestructura— fueron la excepción negativa: cayeron de 87.5 en 2024 a 72.3 en 2025 y permanecieron en niveles deprimidos al inicio de 2026.
Ese patrón tiene implicaciones directas para el mercado inmobiliario industrial.
Un sector donde el comercio crece más rápido que la extracción física tiende a desplazar parte de su demanda hacia infraestructura manufacturera, logística e industrial. Y conforme los segmentos más dinámicos se vinculan cada vez más con electrificación y cadenas productivas norteamericanas, parte del crecimiento comienza a concentrarse menos en la extracción y más en los corredores donde esos materiales se transforman o incorporan a procesos industriales de mayor valor agregado.
En ese sentido, datos de SiiLA muestran que el espacio industrial ocupado por empresas minerometalúrgicas aumentó 18.1% en los últimos tres años, hasta superar los 3.2 millones de metros cuadrados en los principales mercados inmobiliarios del país.
La expansión confirma que existe actividad industrial real detrás del crecimiento comercial del sector. Pero también revela una transformación más profunda: México se está consolidando como nodo estratégico dentro de las cadenas industriales de América del Norte —destino de más de la mitad de las exportaciones minerometalúrgicas del país— sin expandir al mismo ritmo su capacidad extractiva. Ahí se define cuánto valor industrial logra permanecer dentro del territorio conforme se reorganizan las cadenas manufactureras de la región.
Así, lo que está por verse es si el crecimiento comercial termina convirtiéndose en mayor producción nacional —o si México perfecciona su lugar como plataforma industrial indispensable para América del Norte sin convertirse plenamente en la potencia productiva que sus recursos naturales y su posición geográfica le permitirían ser.
Para más información sobre el mercado inmobiliario industrial en México, visita SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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