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Pocas cosas transforman tanto la mirada como la altura. Desde allí, las distancias se acortan, el ruido se apaga y lo inmenso se vuelve gobernable. Quizá por eso la altura ha sido, desde siempre, una de las formas más antiguas de poder, pues concede la ilusión de que el mundo cabe bajo tus pies.
Esa fascinación no desapareció con los reyes, los ejércitos ni las catedrales. Hoy sobrevive en otro tipo de torres. Según SiiLA¹, en la cima de los rascacielos clase A+ de 30 niveles o más en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey predominan las empresas de servicios empresariales, finanzas, tecnología, consultoría y bienes de capital.
En conjunto, estos sectores representan cerca del 20% del inventario clase A+ en los mercados analizados, pero concentran alrededor del 60% del área ocupada en las cimas de los rascacielos más altos del país. El contraste implica que los últimos pisos funcionan bajo una lógica distinta a la del mercado de oficinas en general, ya que no todos los sectores obtienen el mismo beneficio de ocupar los espacios más altos de un edificio.
La diferencia resulta más evidente al observar quiénes quedan fuera. Algunos de los mayores usuarios de oficinas clase A+ —como inmobiliarias, aseguradoras, telecomunicaciones y gobierno— tienen una presencia limitada en las cimas. En cambio, sectores como bienes de capital aparecen en ellas con una frecuencia muy superior a la que mantienen dentro del mercado corporativo en general.
La jerarquía no termina allí. Compañías ampliamente presentes en los últimos pisos del mercado, como WeWork y Alsea, pierden relevancia en las alturas extremas, donde aparecen con mayor frecuencia firmas como Aon, Essilor, Gicsa, BBVA y Google. Aunque pertenecen a industrias distintas, en su mayoría comparten una característica: su actividad depende menos de la producción física de bienes que de la gestión de información, capital, conocimiento o relaciones empresariales.
En ese sentido, las cimas de los rascacielos mexicanos no parecen estar ocupadas por quienes producen más cosas, sino por quienes coordinan más procesos. Así, a medida que se asciende, el espacio corporativo deja de parecerse a la economía que existe debajo y comienza a reflejar las actividades que la organizan.
El patrón, sin embargo, no se distribuye igual en cada mercado. Ciudad de México muestra la composición más diversa, con finanzas, servicios empresariales, consultoría y tecnología repartidas entre las principales posiciones. Monterrey concentra con mayor claridad sus alturas en servicios empresariales, que representan 41% del área ocupada en las cimas analizadas. Guadalajara², por su parte, presenta una marcada concentración en finanzas.
Más allá de los sectores, las empresas o los mercados, los datos sugieren que la altura sigue siendo un recurso escaso y selectivo. No porque permita ver más lejos, sino porque todavía ayuda a decidir qué ocurre abajo.
Para acceder a información detallada sobre ocupación corporativa, edificios y tendencias del mercado de oficinas, visita SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.
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¹ El análisis principal considera los ocupantes de los últimos pisos en 23 edificios corporativos clase A+ de 30 niveles o más ubicados en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Para efectos comparativos, también se analizó un universo ampliado de 288 edificios clase A+ en los mismos mercados.
² En Guadalajara, los resultados deben interpretarse con cautela debido al reducido número de rascacielos clase A+ de 30 niveles o más considerados en el análisis.











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