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Quien adquiera La Casa de Toño no compraría únicamente una marca, un menú y una operación rentable. Desde una perspectiva inmobiliaria, adquiriría además una red de ubicaciones desarrollada durante décadas y el conocimiento acumulado para decidir dónde abrir cada restaurante y qué formato desarrollar en cada ubicación.
Recientemente, diversos medios señalaron que los propietarios de la cadena restaurantera habrían contratado a BBVA México como asesor financiero para explorar una operación con una valuación cercana a los 400 millones de dólares. Posteriormente, Grupo Gigante confirmó ante la Bolsa Mexicana de Valores que, a través de su división de restaurantes, evalúa una posible adquisición, aunque aclaró que no existe un acuerdo vinculante ni certeza de que la operación llegue a concretarse.
La escala física de la cadena ayuda a entender el alcance inmobiliario de una eventual transacción. De acuerdo con datos de SiiLA y de la propia compañía, La Casa de Toño opera 81 establecimientos en la Ciudad de México y el Estado de México. Alrededor del 49% se ubica a pie de calle, 42% dentro de centros comerciales y el 9% restante corresponde a formatos express y un expendio en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Esa diversidad también se refleja en el tamaño de sus establecimientos. Según SiiLA, la cadena ocupa cerca de 12,000 metros cuadrados de retail en las principales plazas comerciales de la Zona Metropolitana del Valle de México, con locales que van desde menos de 50 metros cuadrados —destinados principalmente al servicio de entrega— hasta restaurantes cercanos a los 1,000 metros cuadrados.
La composición de esa red sugiere que la expansión de la cadena no consistió únicamente en encontrar nuevas ubicaciones, sino en definir el tamaño y el formato más adecuados para cada una de ellas.
Esa estrategia acompañó un crecimiento casi exclusivamente orgánico, sustentado en una operación altamente estandarizada y un volumen extraordinario por establecimiento. Al mismo tiempo, la cadena permanece prácticamente concentrada en la Zona Metropolitana del Valle de México, lo que sugiere que una parte importante de su potencial de expansión aún no ha sido desarrollada.
Así, una expansión nacional o internacional no consistiría simplemente en reproducir el menú, sino en identificar mercados con condiciones inmobiliarias y de consumo comparables a aquellas sobre las que la cadena construyó su escala. En ese sentido, y más allá del desenlace de la operación, el caso de La Casa de Toño muestra que, en negocios cuya operación depende de una red física, una parte relevante del valor puede construirse mediante decisiones inmobiliarias acumuladas durante años.
La capacidad de decidir dónde ubicarse, qué espacio ocupar y qué formato desarrollar constituye un activo estratégico, aunque rara vez aparezca como tal en los estados financieros.
Para más análisis sobre las estrategias inmobiliarias que transforman los negocios en México, visita SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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