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El regreso a las oficinas tras el auge del trabajo remoto durante la pandemia es una realidad ineludible para muchos trabajadores en América Latina. En los últimos dos años, más de 20 compañías transnacionales con presencia en la región, desde gigantes tecnológicos como Amazon, Google y Meta, hasta grandes conglomerados como BlackRock, Disney y Salesforce, han exigido que sus empleados regresen a las oficinas, al menos de forma parcial. Esto plantea preguntas clave: ¿Qué tan pronunciada es la adopción del teletrabajo en Latinoamérica y cómo está impactando su reducción al mercado inmobiliario comercial? ¿Qué tan sencillo será el retorno a las oficinas y por qué es tan importante para estas y muchas otras empresas volver a los espacios físicos?
Datos del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo, Deloitte y JLL indican que, antes de la pandemia, entre el 10% y el 15% de la población trabajadora con capacidad de teletrabajar lo hacía de forma remota. Durante el pico de la pandemia, ese porcentaje aumentó hasta el 35% o 40%. Sin embargo, desde mediados de 2023, ha habido una desaceleración y, actualmente, sólo entre el 10% y el 20% de los empleados siguen trabajando desde casa en América Latina. Aunque estas cifras son más bajas que en Asia, Europa o Norteamérica, la región ha mostrado una inclinación más fuerte hacia la adopción de modelos híbridos.
En los últimos dos años, los datos revelaron una disminución de entre el 10% y el 30% en el número de empleados en home office en países como Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú. Este descenso coincide con una relativa mejoría en la disponibilidad en los principales mercados de oficinas de América Latina, aunque aún no se hayan alcanzado los niveles prepandémicos, según las estadísticas de SiiLA.
En México, por ejemplo, la tasa de disponibilidad en el sector de oficinas comenzó a desacelerarse a mediados de 2022, debido a una menor entrega de nuevo inventario y a un aumento en la absorción de espacios corporativos, impulsada por la demanda de oficinas acondicionadas y la creciente adopción de modelos de trabajo flexible, entre ellos el coworking.
Un fenómeno similar se dio en Colombia, donde la sobredemanda de espacios corporativos ha mantenido el mercado equilibrado. Esto se debe a varios factores, como la detención de proyectos, la ocupación de grandes espacios por parte de sus propietarios, la disponibilidad predominante de espacios más pequeños y fáciles de rentar, y precios de cierre que suelen ser más bajos que los iniciales, lo que facilita la absorción.
Al igual que en México y Colombia, la demanda de oficinas en Brasil se enfoca en espacios modernos y bien equipados, lo que ha catalizado la absorción en ciudades con alta concentración de negocios, como São Paulo, Rio de Janeiro y Curitiba. Desde principios de 2022, se observa un paulatino declive en la tasa de disponibilidad, a pesar del repunte de nuevo inventario, gracias a una sólida demanda de espacios clase A+ y A, en gran medida absorbidos por empresas de sectores clave como el tecnológico y el financiero, que han retornado gradualmente a las oficinas.
En un entorno empresarial cada vez más competitivo, las decisiones sobre el lugar de trabajo de los empleados han adquirido una importancia estratégica. Para muchas compañías, el regreso a los espacios físicos no sólo es una cuestión operativa, sino un factor clave para enfrentar los desafíos de la postpandemia. Directivos de conglomerados como Amazon, BlackRock, IBM y Uber han destacado varias razones para volver a las oficinas.
En primer lugar, consideran que el trabajo presencial mejora la productividad, al facilitar la colaboración y el contacto directo entre los equipos. Además, creen que la interacción cara a cara es indispensable para el desarrollo profesional, ya que permite aprendizajes espontáneos y un intercambio de ideas que resulta difícil replicar de manera remota. También señalan que estar en la oficina acelera el crecimiento profesional, al ofrecer más oportunidades de promoción y avance. Finalmente, apuntan que el regreso a las oficinas puede ayudar a recuperar relaciones comerciales afectadas durante el periodo de trabajo remoto.
Sin embargo, este retorno no es uniforme en todos los países, y las regulaciones locales han desempeñado y seguirán desempeñando un papel crucial en la transición. En América Latina, la legislación sobre el teletrabajo y su reversibilidad varía, pero comparten un enfoque común: el regreso a las oficinas debe ser un acuerdo entre el empleador y el empleado, garantizando condiciones laborales seguras y adecuadas.
En México, por ejemplo, la reversibilidad del teletrabajo está regulada por el artículo 330-G de la Ley Federal del Trabajo y la NOM-037-STPS-2023, que exigen que el cambio a modalidad presencial sea documentado y acordado mutuamente entre empleador y trabajador, con un aviso previo de al menos 20 días, salvo en situaciones urgentes como la violencia doméstica, donde el regreso puede ser inmediato. Además, el empleador debe garantizar que el espacio de trabajo cumpla con las condiciones de seguridad y salud necesarias.
En Brasil, la Ley No. 14.442/2022 y el Decreto Ejecutivo No. 1.108/22 permiten revertir el teletrabajo al trabajo presencial mediante acuerdo entre las partes o conforme al contrato. Si el empleado trabaja desde una ubicación distinta a la estipulada, el empleador no está obligado a cubrir los costos de regreso a la oficina, a menos que se pacte lo contrario.
En Colombia, la Ley 1221 de 2008 y diversas normativas —como el Decreto 0884 de 2012, el Decreto 1072 de 2015 y la Circular 0027 de 2019 del Ministerio del Trabajo— estipulan que el teletrabajo sea voluntario tanto para empleadores como empleados. Quienes hayan optado por esta modalidad pueden solicitar regresar al trabajo presencial en cualquier momento, y si la empresa decide que el personal debe volver, debe modificar el acuerdo previo respetando los derechos laborales vigentes.
El retorno a las oficinas en América Latina no es simplemente un regreso a la normalidad anterior. Las compañías y los trabajadores ahora enfrentan un nuevo equilibrio entre las ventajas del trabajo remoto y la innegable necesidad de la interacción presencial. Mientras las regulaciones locales buscan ofrecer flexibilidad, las empresas deberán encontrar formas de integrar la productividad y el desarrollo profesional que se logran en las oficinas con la autonomía y comodidad que brinda el teletrabajo. Lo que está claro es que el futuro laboral será híbrido y, en última instancia, serán aquellas empresas capaces de adaptarse a este nuevo paradigma las que liderarán el camino en un mundo empresarial cada vez más competitivo.
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