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Una oficina puede tener agua potable y, aun así, resolver mal su acceso cuando su ubicación o funcionamiento limitan a quienes pueden realmente utilizarla. La diferencia está en algo que rara vez se mide en un inmueble: su capacidad efectiva para atender a la población que lo ocupa.
En México, el Reglamento Federal de Seguridad y Salud en el Trabajo establece, en su artículo 18, fracción VIII, que los patrones deben poner a disposición de los trabajadores “tomas de agua potable y vasos desechables o bebederos”¹. Sin embargo, la regulación general revisada no establece una proporción de puntos de acceso por trabajador.
La escala permite dimensionar el desafío. Los principales mercados de oficinas del norte, centro y Bajío de México sumaban más de 10 millones de metros cuadrados ocupados al segundo trimestre de 2026, según SiiLA. Al aplicar a esa superficie el factor de ocupación de 9.3 metros cuadrados por persona establecido para oficinas en la Norma Técnica Complementaria para el Proyecto Arquitectónico de la Ciudad de México, el resultado equivale a una carga teórica superior al millón de ocupantes.
Esa población permite traducir el acceso al agua en infraestructura. El International Plumbing Code de 2024 contempla para edificios de oficinas y otros usos de negocios un bebedero por cada 100 ocupantes. Si esa proporción se utilizara únicamente como referencia sobre la carga anterior, equivaldría a más de 10 mil puntos para beber agua. Y aunque no es una exigencia aplicable a las oficinas mexicanas, permite observar la escala física que puede adquirir una obligación que aquí no está expresada como una proporción.
México, de hecho, no es completamente ajeno a esa forma de medirla. En la regulación específica de la industria hulera se establece un bebedero higiénico por cada 30 trabajadores o fracción mayor de cinco, además de exigir que estén convenientemente distribuidos. La disposición no puede trasladarse a una oficina, pero muestra que el propio marco mexicano ha vinculado el acceso al agua con ocupación y distribución.
Sin embargo, aumentar el número de puntos de agua no garantiza por sí mismo el acceso²; la pregunta de fondo es cuándo puede considerarse que el agua está realmente “a disposición” conforme aumenta la ocupación de un inmueble.
La respuesta parece sencilla: cuando quien necesita beber agua puede hacerlo sin que el propio espacio represente una barrera adicional. El número de puntos, su ubicación y funcionamiento determinan si esa posibilidad se mantiene conforme aumenta la ocupación. No es una distinción trivial para quienes trabajan dentro, pues la hidratación puede afectar capacidades que intervienen en el desempeño.
Así lo muestra un ensayo controlado con 64 adultos jóvenes, realizado después de 12 horas de restricción de agua. Quienes bebieron 500 mililitros mejoraron 22.2% su puntuación en una prueba de memoria de trabajo y redujeron 55.3% la de fatiga. Entre quienes no recibieron agua, en cambio, la fatiga aumentó 50%³.
Para una oficina, pues, la ocupación no sólo determina cuánto espacio necesita una población, sino también la infraestructura necesaria para atenderla. Cuando esa capacidad resulta insuficiente, es la propia infraestructura la que establece hasta dónde puede funcionar el espacio, aun cuando sobren metros cuadrados. El agua revela así que la capacidad de un inmueble puede agotarse antes que su superficie.
Actualmente, cerca de 1.8 millones de metros cuadrados de oficinas se encuentran disponibles en los mercados analizados, equivalentes a alrededor de 15% del inventario existente, según SiiLA. Para quien busca ocupar parte de esa superficie, comparar esos espacios no sólo implica considerar sus características físicas, sino también si sus servicios, instalaciones y amenidades pueden responder a las necesidades de quienes los ocuparán.
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¹ En materia de calidad del agua para uso y consumo humano, véase la NOM-127-SSA1-2021, que establece los límites permisibles de calidad que debe cumplir el agua destinada al consumo humano.
² Un estudio realizado en instalaciones de la Universidad de California en San Francisco encontró una fuente de agua por cada 80 estudiantes y empleados; al considerar únicamente aquellas que estaban limpias, sin obstrucciones y con un flujo satisfactorio, la relación pasó a aproximadamente una por cada 108 personas. En Estados Unidos, los estándares de accesibilidad consideran además la distribución de bebederos por piso y área, así como condiciones de aproximación, altura y operación, y la U.S. Access Board recomienda considerar distintas formas de acceso en cada ubicación cuando los equipos estén separados por distancias significativas. En Reino Unido, la regulación establece que el suministro de agua potable debe ser adecuado, fácilmente accesible y estar situado en lugares apropiados. Véase Kalair, N., Mousli, L. M., Jacobs, L. M., Schmidt, L. y Kearns, C., “Worksite Access to Fluoridated Tap Water and Retail Beverages: An Assessment of the University of California, San Francisco Campuses”, Journal of the American Dental Association, vol. 153, núm. 3, 2022, pp. 201–207; U.S. Access Board, “Drinking Fountains: U.S. Access Board Technical Guide”, abril de 2020, pp. 1–5; Health and Safety Executive (HSE), “Workplace health, safety and welfare: A short guide for managers”, Reino Unido.
³ Zhang, J., Zhang, N., He, H., Du, S. y Ma, G., “Different Amounts of Water Supplementation Improved Cognitive Performance and Mood among Young Adults after 12 h Water Restriction in Baoding, China: A Randomized Controlled Trial (RCT)”, International Journal of Environmental Research and Public Health, vol. 17, núm. 21, 2020, 7792.







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