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La superstición en torno al número 13 ha dejado una huella indeleble en la arquitectura a nivel mundial, y México no es la excepción. Desde los primeros rascacielos en Nueva York hasta los más modernos edificios de oficinas en la Ciudad de México, el temor al piso 13 ha influido en el diseño y numeración de muchos inmuebles. Esta práctica, derivada de una mezcla de creencias urbanísticas, religiosas y culturales, ha llevado a que muchos desarrolladores omitan o disimulen este piso en sus proyectos.
Sin embargo, no todos los edificios siguen esta tendencia. En los cuatro principales mercados de oficinas en México —Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Querétaro— el 19% de los edificios de clase A+, A y B incluye un piso 13, según datos de SiiLA. Esto implica que al menos 166 edificios en estas ciudades desafían la superstición, priorizando la funcionalidad sobre las creencias populares.
Aunque la mayoría de los edificios en México evitan el piso 13, saltando del 12 al 14 o utilizando nomenclaturas como 12 ½ o 12B, los datos de SiiLA Market Analytics revelan diferencias y similitudes interesantes en su comercialización.
Mientras la tasa de disponibilidad en los pisos 13 es un 13% superior a la tasa promedio en los principales mercados de oficinas del país, que ronda el 20.5%, el precio de renta es casi idéntico, con 22.7 dólares por metro cuadrado frente a 22.9 dólares para el promedio de oficinas. Esto indica que, si bien la superstición puede influir en la demanda, su impacto no es lo suficientemente fuerte como para devaluar estos espacios.
Es importante destacar que el 85% de los pisos 13 se encuentran en edificios de clase A+ y A, como Torre Mayor y The Summit Santa Fe, que, al igual que el 83% de estos inmuebles, están ubicados en la Ciudad de México. En estos edificios, los sectores gubernamental, financiero y de consultoría son los principales inquilinos, ocupando un 24%, 12% y 6% de los pisos 13, respectivamente.
Tal como en México, en muchas partes de Latinoamérica hay supersticiones que, en menor o mayor medida, influyen en la arquitectura y el diseño de edificios. En ciudades como São Paulo, Brasil, muchos inmuebles de alto perfil, como la Torre Norte de Pátio Victor Malzoni y los edificios São Paulo Corporate Towers y Rochaverá Corporate Towers, omiten el piso 13. Sin embargo, en Brasil, esta superstición no es tan marcada como en otros países de la región.
Así, por ejemplo, en Bogotá y Medellín, Colombia, la situación es distinta. Según SiiLA, cerca del 27% de los edificios de clase A+, A y B cuentan con un piso 13. Lo interesante es que la tasa de disponibilidad en estos pisos es un 33% menor que el promedio nacional, que es de aproximadamente 8%, y los precios de renta en los pisos 13 son un 19% más altos que el promedio en el país. Esto sugiere que, aunque la superstición persiste, la demanda por estos espacios es alta y los inquilinos están dispuestos a pagar más por ellos.
En el mundo, el Woolworth Building en Nueva York, completado en 1913, es uno de los primeros rascacielos en omitir el piso 13, convirtiéndose en un ícono de esta práctica. En México, aunque no hay un registro exacto del primer edificio en hacerlo, la omisión del piso 13 se popularizó en la segunda mitad del siglo XX, especialmente con el auge de los rascacielos modernos.
El temor al número 13, conocido como triskaidekafobia, tiene sus raíces en antiguas creencias religiosas y supersticiones que han perdurado a lo largo del tiempo. Una de las historias más influyentes proviene de la tradición cristiana, donde se relata que, en la última cena de Jesús, había 13 comensales, siendo el decimotercer invitado Judas Iscariote, quien lo traicionó, lo que llevó a asociar el número 13 con la traición y la mala suerte. Esta idea de infortunio se extendió y se reforzó en diferentes culturas, afectando incluso la numeración en la arquitectura.
Sin embargo, no es el único factor. En muchas culturas y por diversas razones, el número 13 se considera de mal augurio. En numerología, el número 12 es considerado “completo” o “perfecto,” asociado con la plenitud y el orden, como los 12 meses del año o los 12 signos del zodiaco. El número 13, al ser uno más que 12, se percibe como un número que rompe con ese orden, llevándolo a ser considerado “desestabilizador” o “incompleto”.
La superstición numérica no se limita al número 13. En algunos países de Asia, por ejemplo, el número cuatro es evitado debido a su pronunciación similar a la palabra “muerte”, lo que lo convierte en un número de mal augurio; y en algunas regiones de Europa, el número 17 es considerado desafortunado.
Asimismo, las culturas precolombinas de América también tenían sus propias supersticiones numéricas; por ejemplo, en la cosmología azteca, el número cuatro representaba las direcciones cardinales y la estabilidad, mientras que el número cinco, que introducía una dirección central, podía ser percibido tanto de manera positiva como negativa, según el contexto, ya que se asociaba con el equilibrio y la inestabilidad al mismo tiempo.
Más allá de las supersticiones, en ciudades como Nueva York, la omisión del piso 13 también se ha dado por razones urbanísticas. A principios del siglo XX, algunos críticos de la época consideraban que la construcción de edificios de más de 12 pisos rompía con la estética urbana y podía generar problemas logísticos y estructurales.
El equilibrio entre la tradición y la funcionalidad sigue siendo un desafío en la arquitectura moderna, donde las creencias culturales y las necesidades urbanísticas se entrelazan de formas inesperadas.
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