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¿Has notado que últimamente en los centros comerciales de México abundan las fresas? Con chamoy, crema, chocolate, en frappé o deshidratadas. No es casualidad. Es la nueva moda, como en su momento lo fueron los helados de yogur, el boba tea o los panecillos de colores imposibles. Pero las fresas son solo el síntoma más visible de algo más profundo: el auge de los antojos que prometen placer sin culpa. O, al menos, con menos culpa.
Hoy, marcas de fresas como The Berry Company, Strawberry Island y La Fresqué llenan vitrinas en plazas como Mítikah (Ciudad de México), Andares (Guadalajara) o Antea (Querétaro). Pero no están solas. En el último año, más de 50 nuevas marcas —de tés a confitería y snacks con estética saludable— han llegado a los malls más concurridos del país. Y su impacto ya se mide en metros cuadrados.
Según SiiLA, entre el segundo trimestre de 2024 y 2025, el área bruta rentable ocupada por expendios de fresas y de snacks —como palomitas, elotes o frutos secos— creció más de 45% en cada caso. La confitería subió 18%; los helados y el yogur, casi 10%; y las bebidas con bolitas, los pasteles y la panadería rozaron el 6% anual.
No se trata solo de sabor, sino de narrativa. Cada vaso, cada frasco, cada envase biodegradable vende algo más que comida: bienestar, autenticidad o estilo de vida.
En esta nueva ola, lo verde, lo artesanal y lo relativamente bajo en azúcar —o menos procesado que antes— no solo han sostenido, sino expandido una economía “fit” que lleva más de una década en ascenso. Y lo que se ofrece entre vitrinas hoy reconfigura consumo, mueve toneladas y empuja mercados a doble dígito.
De acuerdo con SAGARPA, el consumo de fresas en México crecerá a una tasa anual compuesta de 1.2% hacia 2030. No es una cifra espectacular, pero sí sostenida, y confirma un cambio significativo en los hábitos alimenticios.
Por su parte, IDE prevé que entre 2025 y 2034 el valor del mercado global de boba tea —impulsado sobre todo en Norteamérica— crezca 7.5% cada año. En México, los mercados de productos de moda —como galletas, yogur, pastelería y confitería— aumentarán entre 5% y 7.6% anual, con cheesecakes, magdalenas, bebidas y chocolates sin azúcar al frente. En paralelo, IDE estima que los smoothies crecerán 7.5% al año en América Latina, y PMR proyecta que los macarons franceses lo harán a un ritmo de 6.4%.
Estas proyecciones confirman que los antojos contemporáneos son motores económicos en plena expansión. Y para el mercado de retail, eso implica demanda de micro y pequeñas empresas que buscan posicionarse, con un margen razonable de rotación en los primeros años —considerando que la mitad de los negocios desaparecen tras su primer año en México— y perspectivas de estabilidad a partir del tercero.
Al final, todo antojo es una metáfora: no solo cubre un gusto, sino una búsqueda —de consuelo, de identidad, de novedad—. Así, entender lo que se vende es entender también lo que se desea. Y en un país donde incluso los caprichos se cotizan por metro cuadrado, seguir el rastro del antojo es también leer el pulso del mercado.
Para saber más, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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