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Mientras el discurso político en Washington insiste en relocalizar manufactura fuera de México, varias automotrices siguen profundizando su apuesta por el país. Este año, Audi anunció nuevas contrataciones y, junto con General Motors, ha identificado a México como uno de sus mercados con mayor potencial de crecimiento. Paralelamente, empresas como Bajaj, Brose, Chevrolet, Leoni Wiring Systems y Topsun mantienen planes de expansión productiva que, en conjunto, superan los 2,400 millones de dólares y cerca de 15,000 empleos directos e indirectos para los próximos dos años.
La lógica detrás de esas inversiones va más allá de los costos laborales o de la coyuntura arancelaria, porque lo que las automotrices operan en México ya no es únicamente capacidad de ensamblaje, sino una red manufacturera integrada que tomó décadas construir, que hoy resulta extremadamente difícil de sustituir, y que además explica tanto la concentración territorial de la industria como el tipo de capacidades que siguen expandiéndose dentro del país.
No es casualidad que muchas de las recientes inversiones —Audi en Puebla, Brose en Querétaro, Chevrolet en Coahuila y Topsun en Guanajuato— se concentren en el Bajío y el noreste mexicanos, donde según SiiLA se encuentra el 84% del espacio automotor ocupado a nivel nacional, y donde según datos del INEGI¹ se concentra —junto con Puebla— el mayor crecimiento empresarial automotor de la última década. Es decir, corredores donde ya existe una integración consolidada de proveedores, ingeniería especializada, universidades técnicas e infraestructura logística.
Tampoco resulta extraordinario que, en ese entorno de integración y especialización regional, la expansión empresarial del sector se haya concentrado menos en armadoras y más en proveeduría Tier 1², que son empresas que suministran sistemas completos directamente a las armadoras, como transmisión, interiores o eléctricos —precisamente las capas más difíciles de reconfigurar dentro de la cadena manufacturera norteamericana.
Los datos del INEGI¹ muestran que, entre 2016 y 2026, los establecimientos asociados con proveeduría Tier 1 crecieron casi 40%, muy por encima del resto de la cadena automotriz, incluidas las empresas Tier 2 —en gran medida proveedores de piezas— que avanzaron 8.6%. Esto en un contexto en el que el número total de establecimientos vinculados con vehículos y autopartes pasó de 2,673 a 3,457 —un crecimiento de 29.3% que sobrevivió la pandemia, resistió dos rondas de presión arancelaria y registró en 2026 su mayor rebote anual reciente, con un alza de 5.5%.
Sin embargo, la participación del sector automotor dentro del total manufacturero se mantuvo prácticamente estable —en torno al 0.5%— durante la década¹, lo que sugiere que no creció por encima del resto de la manufactura mexicana, sino que profundizó su integración dentro de ella.
Eso tampoco significa que el sector atraviese un ciclo expansivo sin fricciones. Aunque la integración automotriz mexicana siguió consolidándose durante esos años, su base empresarial registró en 2025 una ligera contracción de 1.7%¹ —el único retroceso anual relevante del periodo— y hasta ahora en 2026, el sector mostró una expansión más moderada en términos de absorción, ocupación y producción, consistente con un entorno de desaceleración manufacturera y menor dinamismo económico en Estados Unidos.
Pese a los contratiempos, la escala física de la integración ayuda a dimensionar por qué el sector mantiene capacidad de expansión incluso en un entorno menos dinámico y geopolíticamente más complicado.
Actualmente, vehículos y autopartes ocupa más de 25.3 millones de metros cuadrados de espacio industrial en México —una cuarta parte del inventario nacional. Relocalizar una infraestructura de esa escala implica mover miles de líneas de producción y replicar ecosistemas manufactureros cuya viabilidad depende de sincronías productivas que exceden ampliamente los ciclos políticos o comerciales, y cuya viabilidad no responde únicamente a beneficios fiscales.
Ahí radica la diferencia entre una coyuntura comercial y una transformación industrial. Mientras ese debate continúa, las automotrices siguen votando con su capital. Y, hasta ahora, su capital sigue eligiendo México.
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¹ El análisis se elaboró con base en los Directorios Estadísticos Nacionales de Unidades Económicas (DENUE) publicados por el INEGI entre 2016 y 2026. La muestra considera establecimientos manufactureros relacionados con vehículos y autopartes conforme al Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN). Para construir la serie histórica se integraron los directorios anuales, homologando entidades federativas y filtrando los códigos SCIAN seleccionados para el sector automotor (336110, 336120, 336210, 336310, 336320, 336330, 336340, 336350, 336360, 336370, 336390 y 336991). Las participaciones estatales se calcularon como proporción del total nacional de establecimientos identificados en cada año. Los cambios de participación reflejan variaciones en el peso relativo de cada entidad dentro del sector automotor nacional y no crecimiento económico, producción o empleo. Los índices base 100 toman 2016 como referencia para medir la evolución del número de establecimientos durante el periodo analizado. Debido a la naturaleza administrativa del DENUE, los resultados reflejan establecimientos registrados y no necesariamente capacidad instalada, producción física, inversión o tamaño operativo.
² La clasificación funcional por tier utilizada en este análisis es referencial y tiene fines analíticos. No representa relaciones contractuales específicas entre proveedores y armadoras. La agrupación se realizó con base en la función típica de cada actividad SCIAN dentro de la cadena automotriz: a) OEM / Ensamble final: fabricación de automóviles, camionetas, camiones, tractocamiones y motocicletas; b) Tier 1 aproximado: fabricación de sistemas y componentes integrados utilizados directamente en el ensamblaje final, incluidos motores, sistemas eléctricos y electrónicos, transmisión, frenos, dirección, suspensión, asientos e interiores; c) Tier 2 aproximado: fabricación de componentes y piezas intermedias utilizadas por proveedores Tier 1; d) Carrocerías y equipo especializado: fabricación de carrocerías, remolques y configuraciones especializadas separadas del ensamblaje convencional por su naturaleza híbrida dentro de la cadena productiva. La selección prioriza procesos manufactureros vinculados directamente con integración automotriz y excluye insumos industriales primarios asociados típicamente con proveedores Tier 3.











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