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Sin ruido, el motor volvió a encender. En solo tres meses, México atrajo una tercera parte de las empresas automotrices que incursionaron o crecieron en el último año. No fue casualidad; fue un reajuste global que encontró aquí su punto de equilibrio.
En total, 111 compañías ingresaron o expandieron su presencia en México entre el primer trimestre de 2024 y 2025. Unas 43 llegaron por primera vez y otras 68 —equivalentes a uno de cada once inquilinos del sector— ampliaron su espacio. Este movimiento generó un aumento del 6% en el área industrial ocupada por firmas automotrices.
Las que llegaron son mayormente (37%) fabricantes de piezas plásticas y metalmecánicas, entre ellas Shanghai Unison Aluminium y Suzhou Shida Tongtai. Otra buena parte (42%) se reparte entre firmas de electrónica, baterías, interiores y ensamblaje vehicular. En promedio, estas compañías buscaron espacios superiores a los 11,000 metros cuadrados.
Aunque el 37% provienen de México, Estados Unidos y Canadá, el peso de las firmas chinas —que por sí solas representan una de cada tres incursiones— es innegable. Europa también dejó huella: el 21% de las empresas recién llegadas cruzó el Atlántico, en su mayoría desde Alemania.
Por otro lado, están las compañías que se expandieron. Predominaron (31%) las dedicadas a sistemas mecánicos y motores, como BorgWarner y ZF Group. Le siguieron las marcas de piezas plásticas y metalmecánicas (24%) y, más atrás, ensambladoras vehiculares (13%) y firmas de electrónica e interiores (12% cada una). Estas expansiones superaron, en promedio, los 17,000 metros cuadrados.
Gran parte (35%) de las firmas que ampliaron su presencia en México son asiáticas, principalmente de China, Corea del Sur y Japón. En segundo y tercer lugar están las norteamericanas (38%) y europeas (26%).
Pese a la apuesta por México, 2025 no arrancó con fuerza. Según el INEGI, las exportaciones automotrices cayeron 3.9% en el primer trimestre frente al mismo periodo de 2024. No fue una caída severa, pero sí un recordatorio: la expansión industrial no siempre se traduce, de inmediato, en dinamismo comercial. Las cifras, sin embargo, revelan algo más que una pausa. Entre enero y marzo, las exportaciones crecieron 36%, un impulso mayor que en el mismo periodo de 2024 (26%) y 2023 (21%).
¿Qué implican estas cifras? Que el arranque fue débil, pero la recuperación fue más veloz. Y que, si la tendencia mensual se mantiene, el sector podría cerrar el año con más tracción de la que muchos anticipaban.
Este repunte no responde solo a una mejora interna, sino a un reajuste del orden global. Mientras Asia se encarece, Europa se fragmenta y Estados Unidos redefine su política industrial, México se vuelve el punto de equilibrio en una cadena que ya no busca solo eficiencia, sino cercanía, certeza y resiliencia. Esa oportunidad no será eterna, pero hoy explica por qué —pese a sus límites— el país se volvió imprescindible.
Pero esa centralidad es frágil. México no está cosechando únicamente por mérito, sino también por descarte. Y eso exige conciencia. Basta una disrupción energética, un cierre fronterizo o un brote de violencia para desmoronar la confianza. Por eso, el reto no es menor. El país tiene la oportunidad de convertirse en el nuevo eje automotor industrial de América. Pero si no fortalece infraestructura, energía, seguridad y talento, lo que hoy es una ola de inversión podría terminar como una promesa rota.
Por ahora, por cada empresa automotriz que se va, cuatro llegan o crecen. Es una proporción que no habla de euforia, sino de dirección. Y hoy, la dirección sigue apuntando hacia México.
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