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México busca atraer investigación clínica y escalar en la cadena de valor, pero lo hace desde una estructura productiva dependiente que limita su ambición. De ahí que la Secretaría de Economía permita importar equipos autorizados por COFEPRIS para investigación clínica sin presentar en aduana el certificado de cumplimiento de Normas Oficiales Mexicanas, para atender el cuello de botella en la entrada de tecnología que el país aún no produce con suficiente capacidad.
El gobierno estima que, con esta medida, la inversión extranjera en investigación clínica podría aumentar hasta 50%, lo que implicaría cerca de 150 millones de dólares adicionales al año y elevaría el valor de mercado a aproximadamente 450 millones de dólares anuales.
Para un sector que aporta alrededor del 1.5% del PIB manufacturero y cerca del 0.3% del PIB nacional, un mayor dinamismo se traduce en presión sobre su base laboral —que ya supera los 145,000 empleos formales— y sobre la infraestructura productiva necesaria para sostenerlo.
Los datos de SiiLA muestran que esa infraestructura ya ocupa más de medio millón de metros cuadrados industriales en el país en operaciones directamente vinculadas al desarrollo, manufactura o integración de dispositivos médicos electrónicos, a los que se suman otros 400,000 metros cuadrados en actividades complementarias. En conjunto, estas operaciones concentran más de 50 empresas y cerca del 1% de los inquilinos industriales del país, con una expansión sostenida (7% anual) en los últimos tres años.
El crecimiento, sin embargo, no resuelve la limitación central del sector. De acuerdo con la Secretaría de Economía, México mantiene un superávit comercial en instrumentos y aparatos utilizados en ciencias médicas, pero ese saldo no equivale a autonomía productiva. En la serie mensual 2006–2026, las exportaciones superan a las importaciones en la mayor parte del periodo; aun así, estas representan entre el 36% y el 45% del valor exportado, en una relación estructural en la que ambas variables se mueven casi al mismo tiempo y el crecimiento externo depende de la capacidad de importar insumos, por lo que México no exporta solo lo que produce, sino también lo que logra ensamblar.
Esa dependencia no es abstracta. Cerca del 60% de los dispositivos que se consumen en el país son importados y, en su fabricación, más del 70% de los insumos puede provenir del exterior, según INEGI y AMID. Esa misma lógica se extiende al comercio: más del 93% de las exportaciones del sector se dirige a Estados Unidos, mientras que cerca del 63% de los insumos importados proviene de ese mismo país.
Bajo esa lógica, el crecimiento del sector no se traduce en una expansión industrial autónoma, sino en la demanda de espacios que operan como nodos dentro de cadenas globales de suministro, donde la ocupación sigue el flujo de insumos del exterior. Ese patrón concentra la demanda en ubicaciones estratégicas como Tijuana, Monterrey y Ciudad Juárez, con formatos orientados a la eficiencia logística por encima del desarrollo de capacidades productivas propias.
El detalle de estas dinámicas puede consultarse en SiiLA Market Analytics o en contacto@siila.com.mx.











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