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Hoy, Fujifilm no tiene planes de invertir en México, pero no descarta la posibilidad a mediano plazo, lo que abre un debate mayor: si el país logra acortar los rezagos regulatorios y fortalecer su infraestructura en salud, podría convertirse en un destino inevitable para la biotecnología y la industria médica global.
El interés no sería casual. Mientras Fujifilm crece a doble dígito en Europa y Asia, en América el avance ha sido mínimo —apenas 0.8% el último año—. Aun así, Estados Unidos concentra, después de Asia, su segundo mercado industrial más grande, superando los 300,000 metros cuadrados de naves que alojan desde producción electrónica hasta químicos de alta pureza.
Que México aparezca siquiera en el radar de esa expansión habla del potencial de un sector —el de salud— que, según SiiLA, ya ocupa el 3.6% del inventario industrial del país, con más de 3.7 millones de metros cuadrados destinados a fábricas y centros de distribución de equipos médicos e insumos farmacéuticos, donde operan jugadores globales como AGFA, Canon, GE Healthcare, Philips, Scantibodies, Sectra y Siemens.
Ese potencial, sin embargo, tropieza con un obstáculo evidente: México arrastra tiempos de aprobación en COFEPRIS que superan el año, restricciones regulatorias que desincentivan la innovación y una falta de infraestructura especializada —como hospitales universitarios dedicados a la investigación— que limita el desarrollo del sector, advierte Enrique Giraud de Haro, Director General de Fujifilm México.
En la actualidad, la presencia de Fujifilm en el sector salud de México se limita a la provisión de servicios y equipos médicos —desde imagenología y ultrasonido hasta informática médica y tecnovigilancia—, en su mayoría a través de terceros. Aun así, el peso es notable: la mitad de los estudios de imagen en el país pasan por alguna de sus tecnologías, y en los últimos tres años ha probado prototipos de rayos X en conjunto con hospitales como el Civil de Guadalajara y el ABC.
De abrirse paso a una regulación más ágil y a una infraestructura especializada, el mapa podría transformarse. El espectro va de una modesta planta farmacéutica de 3,000 metros cuadrados, como la que Fujifilm opera en Toyama, Japón, hasta un campus de más de 230,000 metros cuadrados en Castroville, Texas, donde produce químicos de alta pureza para industrias que van de la medicina a los semiconductores.
Lo bueno es que México no partiría de cero. Su plataforma logística lo coloca en una posición privilegiada: comparte frontera con el mayor consumidor mundial de equipo médico y se beneficia de políticas arancelarias que dejan a sus exportaciones con un arancel efectivo de entre 10% y 13%, muy por debajo del que enfrentan China —más de 40%— o Brasil —superior al 25%—. A ello se suma una industria farmacéutica local que en diez años ha crecido a una tasa compuesta de 7% anual y un terreno fértil para la adopción tecnológica, pues, aunque el país no figura entre los más avanzados en innovación médica, Fujifilm ha sido pionera en introducir inteligencia artificial al diagnóstico por imagen en México, con sistemas que hoy ayudan a compensar carencias estructurales —como la escasez de radiólogos— y a acelerar diagnósticos.
Al final, la pregunta no es si Fujifilm invertirá en México, sino si México será capaz de construir las condiciones para que esa inversión —y la de toda una industria— se vuelva inevitable. Porque en el tablero global de la biotecnología y la salud, el país tiene lo esencial: mercado, logística y talento. Lo que falta es velocidad.
Para dimensionar dónde están hoy los metros cuadrados, quiénes operan y cómo se mueve el pipeline, consulta SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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