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En México, el espacio industrial ocupado por el subsector de autopartes no se expande solo por lo que el país produce, sino por la forma en que se inserta en la producción global, en una dinámica que no refleja mayor autosuficiencia, pero sí una integración más profunda donde importar forma parte del propio acto de producir y exportar.
Según SiiLA, las empresas de fabricación de autopartes, carrocerías y automóviles —los tres ramos que componen el sector automotor— son el mayor ocupante industrial del país y representan alrededor de una cuarta parte del espacio ocupado, con un crecimiento de 3% entre el primer trimestre de 2025 y 2026. Sin embargo, su participación de mercado se redujo en cien puntos base, lo que indica que su ritmo de expansión fue menor al del resto del mercado.
Buena parte de ese dinamismo se explica por el desempeño de las autopartes, que concentran alrededor del 40% del valor de producción y de ventas del sector automotor en México y que, entre 2020 y 2025, crecieron a una tasa compuesta anual cercana al 5%. El avance se concentró en componentes como sistemas de dirección, suspensión y frenos —con tasas de entre 7% y 9%—, mientras que los rubros de mayor peso, como equipo eléctrico y electrónico y motores y sus partes, avanzaron a un ritmo más moderado, lo que revela una expansión sostenida, aunque no homogénea.
Esa trayectoria se interrumpió al inicio de 2026. En los primeros dos meses del año, la producción y las ventas cayeron 8% y 9% frente al mismo periodo de 2025, regresando a niveles similares a los de 2024. La contracción fue particularmente pronunciada en sistemas de transmisión y dirección, con retrocesos de doble dígito, y el segmento de motores y sus partes fue la única excepción, con un crecimiento de 3%, lo que confirma una desaceleración a lo largo de la cadena.
La desaceleración no se explica únicamente por el comportamiento interno del sector, sino por la forma en que se articula con el comercio exterior de autopartes, donde el superávit no expresa —por sí mismo— la lógica que lo sostiene.
Tras un periodo de déficit entre 2010 y 2014, la balanza comercial de autopartes en México se revirtió hasta un máximo de 8.5 mil millones de dólares en 2022, reflejando una expansión sostenida de las exportaciones. Sin embargo, ese avance no ha reducido la dependencia externa. En 2006, México importaba alrededor de 58 centavos por cada dólar exportado. Hoy, esa proporción se ubica en 80 centavos y dejó de mejorar a partir de 2023.
El vínculo entre producción y comercio confirma ese patrón. Aunque la producción de autopartes creció a una tasa de 5% anual entre 2020 y 2025, las exportaciones lo hicieron a un ritmo mayor (7%), generando una brecha positiva. Esa diferencia se sostiene con importaciones, que también crecieron de forma consistente (6% anual) y se mantienen en niveles elevados.
De hecho, a lo largo de las últimas dos décadas, importaciones y exportaciones han mostrado un comportamiento alineado, lo que confirma que el dinamismo exportador se apoya de forma sistemática en insumos importados, aun con variaciones puntuales entre años. El resultado es un modelo en el que el crecimiento exportador no reduce la dependencia externa; más bien, la incorpora como condición operativa, en línea con una integración cada vez más profunda en cadenas globales de valor. Esto implica que México importa más en la medida en que exporta más.
Esa integración se refleja tanto en los volúmenes como en la organización de la cadena.
Más allá de una fotografía puntual, el cambio está en la trayectoria regional: entre 2014 y 2024, la participación de Norteamérica en las importaciones se redujo de niveles cercanos al 68% a alrededor del 57%, la de Asia pasó del 21% al 28%, y la de Europa de alrededor del 10% a poco menos del 14%. En contraste, las exportaciones se mantienen por encima del 90% en Norteamérica y han tendido a concentrarse aún más en la región.
La reconfiguración se observa también en la composición por país. Estados Unidos concentra aproximadamente el 91% de las exportaciones mexicanas de autopartes y poco más de la mitad de sus importaciones, mientras que China se mantiene como el segundo proveedor, con una participación de casi 14%. En conjunto, los cinco principales países —Estados Unidos, China, Alemania, Japón y Canadá— concentran más del 80% de las importaciones.
El patrón es claro: la demanda permanece anclada en Norteamérica, pero la base de insumos se ha desplazado gradualmente hacia Asia. En ese equilibrio, México no reemplaza a sus proveedores ni reduce su exposición externa. Opera como un nodo dentro de una red productiva más amplia, donde el crecimiento no elimina la dependencia, la reorganiza.
En última instancia, esto implica que la demanda de espacio industrial no responde solo al volumen de producción local, sino a la forma en que se articula esa red. Para profundizar en estos patrones, consulta SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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