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El “Sueño Americano” prometía prosperidad a quien cruzara la frontera y trabajara duro. Hoy, para miles de oficinistas en México, ese sueño ya no se cruza: se descarga. Porque el anhelo ya no es migrar, sino trabajar desde casa para una compañía estadounidense, cobrar en dólares y gastar en pesos.
Y ese anhelo ya no es marginal: es una corriente que redibuja el mapa laboral. Cada vez más pequeñas y medianas firmas de Estados Unidos contratan desde México sin mover operaciones ni levantar oficinas. El trabajo llega por fibra óptica, y la tendencia se concentra en sectores con alta densidad de talento calificado, como desarrollo de software, atención al cliente y marketing digital.
Aunque aún no hay cifras oficiales sobre cuánto talento están perdiendo las empresas mexicanas por la contratación remota internacional, la evidencia es clara.
CodersLink observa que el 69% de los profesionales del sector tecnológico en México prefiere modelos remotos o híbridos, y que quienes consiguen emplearse en empresas estadounidenses ganan hasta 38% más. Al mismo tiempo, BairesDev reportó un alza de 285% en solicitudes de empleo remoto desde América Latina en 2024, y Oyster confirmó que México lideró el crecimiento en contrataciones internacionales: 136% al cierre del año pasado. Todo eso ocurre sobre una reserva de más de 13 millones de mexicanos que pueden trabajar a distancia, según la Secretaría del Trabajo.
Estos datos muestran que México tiene la masa crítica, la disposición y el incentivo. Hay millones que pueden trabajar en remoto, mayorías que prefieren hacerlo, y un mercado extranjero dispuesto a pagar más por su talento. Esta dinámica —acelerada por plataformas de outsourcing y contratación directa— limita la capacidad de contratación de muchas firmas locales, porque el empleo sigue aquí, pero el país no siempre puede retenerlo.
Más allá de los desafíos que esta tendencia plantea —en términos fiscales, de seguridad social o regulatorios— está el impacto que puede tener sobre el mercado inmobiliario de oficinas. Porque si bien la mayoría de los oficinistas en México sigue acudiendo a un espacio físico, el crecimiento del trabajo remoto sugiere un cambio a largo plazo: menos ocupación continua, pero no necesariamente menos necesidad de espacio.
Por un lado, estudios recientes muestran que por cada 10 puntos porcentuales que crece el trabajo remoto en una empresa estadounidense, su demanda de espacio se reduce entre cuatro y cinco puntos porcentuales. Por otro, en Estados Unidos, los trabajadores remotos laboran al menos un tercio de su jornada fuera de casa, en cafés, coworkings u otros espacios compartidos. Esto demuestra que el trabajo remoto no elimina la oficina: solo la convierte en un recurso intermitente. Y esa flexibilidad —más que el abandono— es lo que podría redefinir la demanda.
Bajo este nuevo paradigma —en el que el trabajo se desancla del espacio y se conecta sin fronteras— las perspectivas para México no son de desaparición, sino de reconversión.
La oficina no muere: muta. Deberá volverse cada vez más ligera, flexible, táctica. Y en ese tránsito, lo que está en juego no es el metro cuadrado, sino el modelo. México, con su talento, su conectividad y su costo competitivo, puede seguir albergando el trabajo global. Pero para hacerlo, tendrá que entender que el futuro no se construye llenando oficinas, sino repensando para qué —y para quién— siguen en pie.
Si quieres saber más sobre cómo está cambiando el trabajo y qué significa eso para el mercado de oficinas, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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