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Durante un mes, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey recibirán selecciones de todo el mundo. Sin embargo, la presencia internacional llegó mucho antes y, hoy, empresas de más de cuarenta países ocupan cerca de 27 millones de metros cuadrados, equivalentes a casi dos terceras partes del espacio industrial ocupado en esos mercados.
Las tres ciudades, empero, no participan de la economía global de la misma manera. Monterrey registra la mayor proporción de espacio ocupado por empresas extranjeras, con 74% de su área bruta rentable total, frente a 59% en Guadalajara y 55% en Ciudad de México. Por su parte, Guadalajara destaca por la densidad internacional de su mercado, con 4.8 países representados por cada millón de metros cuadrados ocupados, casi el doble que Ciudad de México y más del doble que Monterrey. Y la capital del país responde a otra lógica: combina la participación más equilibrada entre empresas nacionales y extranjeras con una presencia internacional más repartida entre Norteamérica, Europa, Asia y América Latina. Monterrey y Guadalajara, en cambio, muestran una mayor concentración hacia Norteamérica y Asia.
Las diferencias no terminan en el origen de las empresas. Monterrey concentra principalmente operaciones fabriles impulsadas por compañías de Estados Unidos, China, Corea y Japón. Ciudad de México, por su parte, muestra una mayor presencia de empresas vinculadas al consumo, la logística y la distribución, mientras Guadalajara ocupa una posición intermedia, combinando manufactura y productos de consumo dentro de una de las redes internacionales más dinámicas del país.
Lo anterior muestra que la inversión internacional puede adoptar formas muy distintas dentro de un mismo país, al grado que una misma economía extranjera puede participar simultáneamente en funciones de producción, distribución y consumo a través de mercados distintos.
Esto resulta especialmente evidente al observar el elemento común entre los tres mercados: al menos 25 países mantienen operaciones en las tres sedes, reuniendo en un mismo espacio económico a economías que compiten entre sí en manufactura, tecnología, comercio e influencia global, como Estados Unidos y China.
Sin embargo, esa convergencia no implica una distribución uniforme. Las compañías estadounidenses, por ejemplo, representan cerca del 47% del espacio ocupado por empresas extranjeras. En conjunto, utilizan más de 12 millones de metros cuadrados industriales, una superficie que se aproxima a los casi 15 millones ocupados por empresas mexicanas.
Más allá de las diferencias, la geografía industrial de las tres sedes mexicanas revela menos tres mercados separados que una misma integración internacional organizada en funciones distintas. Así, aunque muchas de las decisiones que explican su crecimiento y especialización se toman fuera del país, su concentración en estos mercados sugiere la existencia de condiciones compartidas que las hacen converger en los mismos corredores industriales. En otras palabras, las decisiones de inversión pueden originarse en distintos puntos del mundo, pero su materialización sigue dependiendo, al menos en parte, de condiciones locales.
Vista desde esa perspectiva, la Copa del Mundo recuerda que la presencia internacional en México no es una excepción asociada a grandes eventos, sino una condición estructural de algunos de sus principales mercados. Y por eso, cuando concluya el torneo y las selecciones regresen a casa, la mayoría de las empresas que hoy ocupan esos mercados permanecerá donde ya estaba.
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