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Cuando termine este año, en México habrá 163 edificios altos y uno superalto, de acuerdo con datos del Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano (CTBUH). Los edificios altos son estructuras de entre 50 y 300 metros de altura, y los superaltos son aquellos de más de 300 y hasta 600 metros de altura.
Durante la última década, México ha presenciado un promedio de diez edificios altos y superaltos entregados por año. Y para 2026, está proyectado que en México haya al menos 172 edificios altos y tres superaltos.
En un contexto en que hay una carrera por construir rascacielos, sobre todo entre la Ciudad de México y Nuevo León, que concentran el 46% y 27% de este tipo de estructuras a nivel nacional, la pregunta es: ¿qué les depara el futuro a estos edificios, en las principales urbes mexicanas?
La tendencia es clara en México, donde los edificios alcanzan alturas cada vez más imponentes. Actualmente, el título del edificio más alto del país y de Latinoamérica recae en la torre T.Op Corporativo en Monterrey, con una altitud de 305 metros. Este desarrollo de uso mixto, que de acuerdo con SiiLA es de clase A+ y cuenta con la certificación LEED Gold, será superado por la Torre Rise (475 metros) en Monterrey, cuya entrega está proyectada para el año 2026.
En ese sentido, es importante mencionar que, en los últimos 67 años, el tamaño promedio de los edificios altos y superaltos en México experimentó un marcado aumento, especialmente a partir de 2010. Mientras que entre 1980 y 2010, el tamaño promedio de las entregas por década varió entre un 13% y un 20%, el incremento observado entre 2010 y 2020 fue de 33%. Mirando más hacia el futuro, que abarca los edificios entregados en el período 2020-2023 y también los proyectos planificados hasta 2026, se espera un incremento significativo de más del 80%, según datos del CTBUH analizados por SiiLA.
Los rascacielos personifican poder, capacidad económica y avance tecnológico en ciudades modernas en constante evolución. A medida que las ciudades se densifican y el espacio se vuelve escaso, la verticalidad se convierte en una solución atractiva para optimizar la superficie disponible. Sin embargo, su expansión plantea desafíos en términos de planeación urbana, infraestructura, sostenibilidad e impacto ambiental. Por ende, el porvenir de estos inmuebles en las principales urbes de México dependerá de cómo se afronten estos retos, y si se logra un equilibrio entre el crecimiento vertical, las demandas del mercado, la sostenibilidad y la calidad de vida.
¿Qué desafíos hay?
La construcción de edificios altos y superaltos entraña una serie de retos intrincados. Primeramente, se necesita una infraestructura local mejorada, incluyendo sistemas de transporte y abastecimiento de agua, para acomodar el crecimiento urbano. Asimismo, los obstáculos burocráticos y la obtención de permisos pueden ralentizar los proyectos, especialmente en áreas sísmicas como el Centro de México, donde la seguridad estructural es esencial para resistir sismos.
La alta densidad de edificios también impacta la accesibilidad y la movilidad, lo que genera más demanda de soluciones de transporte y de espacios públicos adecuados. Por último, el impacto visual, el consumo energético, la gestión de residuos, la huella de carbono y la eficiencia de recursos son importantes inquietudes medioambientales relacionadas con su construcción.
¿Qué factores influirán en el desarrollo de edificios altos y superaltos en México?
Numerosos factores moldean el panorama de los edificios altos y superaltos en México. En primer lugar, la demanda de espacios comerciales y residenciales en áreas urbanas será un motor que estimule o limite su construcción. Esta dinámica está ligada a la disponibilidad de terrenos, considerando que la escasez de espacios en áreas urbanas cataliza la verticalización de proyectos para optimizar el uso de la superficie disponible. Además, dado que los edificios altos y superaltos dependen en gran medida del sector de oficinas, es crucial que este sector siga fortaleciéndose a largo plazo y muestre resiliencia frente a cambios de mercado.
El desarrollo económico, la inversión en infraestructura y los avances tecnológicos en ingeniería y construcción también serán indispensables para construir alto de manera más económica, segura y viable. Esto requerirá la revisión de las regulaciones urbanísticas y los códigos de construcción locales, que determinan la altura máxima y/o los criterios específicos para desarrollo y construcción. En este sentido, el diseño sostenible e inteligente de las estructuras verticales será cada vez más importante. Sin estos componentes, los edificios carecerán de atractivo en términos de inversión.
Conforme en México aumente el número de edificios altos y superaltos, una tendencia evidente en los últimos 67 años, surgirán desafíos en términos de infraestructura, permisos, seguridad, movilidad y sostenibilidad. Empero, la clave para su éxito y evolución radicará en encontrar un equilibrio entre los retos y los factores que los impulsan, como la creciente demanda urbana y la solidez del sector de oficinas.
Para saber más sobre este y otros temas, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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