Suscríbete a nuestro mailing list para recibir noticias del sector inmobiliario, eventos, insights y análisis.

La producción industrial se desaceleró en el último año. Y hoy, México no fabrica más, pero fabrica mejor. Su músculo manufacturero —en gran medida exportador— da cuenta de un reacomodo estratégico orientado a sectores de mayor valor, demanda global y eficiencia operativa.
En el primer semestre de 2025, México exportó más de 300 mil millones de dólares —un 4% más que en 2024— y mantuvo un superávit comercial de 1.4 mil millones. Mientras las ventas petroleras cayeron casi 25%, las no petroleras subieron 5.9%, impulsadas por la minería y, sobre todo, por la manufactura, que creció 6.2% y concentra nueve de cada diez pesos exportados.
No fue un auge generalizado, sino un avance concentrado en sectores altamente rentables para el mercado mundial. Las exportaciones de bienes de capital —maquinaria, equipo científico y aparatos electrónicos— crecieron cerca de 15%, mientras que los bienes de consumo y uso intermedio —más vinculados al mercado interno— se estancaron.
Este sesgo no es menor: en México, apenas una quinta parte de la producción manufacturera se inserta en cadenas globales de valor. Son bienes complejos que definen la competitividad internacional del país —como automóviles terminados, electrónicos avanzados y maquinaria especializada. Otras dos quintas partes también se exportan, pero sin incidencia estructural: alimentos procesados, textiles, ensamblajes intermedios. El resto se queda en casa: se fabrica y se consume dentro del mercado interno, incluidas piezas nacionales que, aunque pueden integrarse a bienes exportables, no se registran como exportaciones directas. En otras palabras: México fabrica mucho, pero solo una fracción lo convierte en potencia exportadora real.
Sin embargo, esa fracción ha crecido. Entre 2013 y 2023, la participación de las manufacturas de alto valor creció a una tasa compuesta anual de más de 3%, lo que indica un cambio gradual pero sostenido en la orientación productiva del país. Ese reacomodo, junto con la inversión extranjera directa, el capital nacional y la estabilidad del sector industrial, está impulsando también el crecimiento físico de la infraestructura productiva.
De acuerdo con SiiLA, la manufactura concentra la mitad del espacio y de los inquilinos del mercado inmobiliario industrial en México. Solo entre el segundo trimestre de 2024 y 2025, el inventario ocupado creció 4.5%, impulsado en gran medida por sectores como la construcción, la paquetería, la petroquímica y los vehículos y partes, con importantes absorciones —de más de 60,000 m² cada una— por parte de compañías como DHL, Hengli, Kohler y Lizhong Group.
En ese periodo, la manufactura tuvo absorción neta positiva, con 3.5 veces más ocupaciones que desocupaciones. Esa demanda no fue eufórica, sino calculada. Porque si bien la producción industrial desaceleró y sectores clave —como vehículos— resintieron caídas en mercados fuera de Estados Unidos, el músculo exportador se mantuvo firme, apuntando hacia su mayor cliente, incluso en medio de tensiones comerciales.
A mitad del año, las exportaciones manufacturas alcanzaron su mejor ritmo de crecimiento —10.6% en junio— y lo hicieron sin nuevos tratados ni “mercados salvadores”: empujadas por la misma demanda que, desde hace décadas, define su destino.
En este contexto, exportar a Estados Unidos sigue siendo la apuesta, pero también el riesgo. Y cada metro cuadrado absorbido —cada nave ocupada, cada vocación redefinida— es una inversión que depende no solo de producir más o mejor, sino de mantener abierta la puerta que conecta la fábrica con la frontera norte.
Para saber más de las tendencias que moldean el mercado inmobiliario comercial visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











Suscríbete a nuestro mailing list para recibir noticias del sector inmobiliario, eventos, insights y análisis.
