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En la primera mitad de 2025, la industria manufacturera mexicana profundizó la desaceleración iniciada en 2024, tras tres años de recuperación pospandemia, según el índice PMI de S&P Global. Sin embargo, SiiLA reporta que el sector mantuvo una absorción neta positiva en el mercado inmobiliario industrial y sigue atrayendo nuevos jugadores. El contraste no refleja un declive, sino una reconfiguración: las empresas ajustan procesos, pero preservan territorio. Y preservar territorio, en plena incertidumbre, es una forma silenciosa de confiar en el futuro.
¿Dónde está hoy la industria? El PMI —que pondera producción, pedidos, empleo, inventarios y tiempos de entrega— promedió 46.8 puntos en el semestre, casi 9% menos que en el mismo periodo de 2024. En este indicador, 50 marca el punto de equilibrio: por encima, hay expansión; por debajo, contracción. Y con doce meses consecutivos por debajo de ese umbral y el semestre más débil desde 2021, la señal es clara: la desaceleración es moderada, pero sostenida.
¿Qué hay detrás del enfriamiento? Según S&P Global, las empresas enfrentan una baja en nuevos pedidos, frenados por la débil demanda, el aplazamiento de proyectos y los aranceles de Estados Unidos, especialmente en exportaciones. En respuesta, han recortado compras y personal para contener costos e inventarios. Esta dinámica refleja cautela: aunque la confianza empresarial comienza a repuntar, sigue entre las más bajas de la última década. Pero si las condiciones lo permiten, la actividad manufacturera podría registrar una leve mejora hacia finales del año, e incluso superar la brecha de los 50 puntos para 2026.
Sin embargo, mientras la actividad manufacturera se contrae, la ocupación persiste. Los datos de SiiLA Market Analytics indican que, en el último año, por cada manufacturera que se fue, llegaron dos; y por cada metro cuadrado liberado, se ocuparon tres. Este impulso provino en gran medida de los sectores de vehículos y partes, bienes de capital, construcción y empaques.
Esa expansión inmobiliaria, empero, no implica un auge. Aunque el área bruta rentable creció 5% y la base de inquilinos manufactureros aumentó 3% en el último año, el movimiento no responde a una mayor producción, sino a una demanda estratégica de empresas que se reubican para consolidar operaciones o asegurar espacios con miras al mediano plazo. Es, en esencia, una inversión anticipada.
El reordenamiento industrial no solo es operativo, sino geográfico. El 76% de las absorciones del último año se concentró en naves de clase A, casi todas en corredores estratégicos del norte —Monterrey, Saltillo, Ciudad Juárez— y del Bajío —Querétaro, Guanajuato, Guadalajara— donde convergen la logística de exportación y la distribución nacional.
Los nuevos jugadores que están moviendo el tablero industrial mexicano no solo llegan por costos laborales, sino por razones logísticas y geopolíticas: buscan reducir exposición a Asia, evitar riesgos en Europa del Este y acercarse a sus mercados clave. A diferencia de generaciones anteriores —grandes OEMs o proveedores intensivos en mano de obra—, estas firmas tienden a ser más pequeñas, modulares y automatizadas, con layouts flexibles y vocación técnica, como Balluff, Rane o Malouf.
Tienden a preferir naves compactas en corredores estratégicos y operar bajo esquemas build-to-suit, alianzas locales o fórmulas híbridas. Muchas son chinas, sin marcas globales, pero con músculo exportador y capacidad de adaptación al T-MEC. Y la mayoría no busca escalar sus procesos operativos a corto plazo, sino a blindarse ante cambios regulatorios, comerciales o logísticos.
Esa lógica —defensiva, no expansiva— define la nueva geografía industrial de México. Para saber más sobre este y otros temas del mercado inmobiliario industrial, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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