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México y Estados Unidos no han construido una relación comercial; han librado una batalla de intereses disfrazada de integración. Durante los últimos veinticinco años, la Casa Blanca ha cambiado de manos, las amenazas han ido y venido, los tratados se han reformulado y las crisis han impuesto nuevas barreras, pero la interdependencia ha sido inquebrantable. Sin importar quién ocupe el Despacho Oval, el patrón se ha repetido: los demócratas han garantizado estabilidad para la inversión, los republicanos han convertido el comercio en un arma política y, en un giro irónico, han terminado beneficiando a México.
Pero, ¿hasta qué punto las decisiones políticas determinan el rumbo de la economía, y hasta qué punto es la economía la que fuerza a los gobiernos a adaptarse?
La experiencia indica que, lejos de ser moldeada por los gobiernos, la economía termina moldeándolos a ellos. Así, por ejemplo, durante la primera administración de Donald Trump (2017-2021), su intención de reducir la dependencia de México con nuevas tarifas y la renegociación del TLCAN terminó teniendo el efecto contrario: empresas como General Motors y Nissan ajustaron su producción, pero no regresaron a Estados Unidos. Algo similar ocurrió con Joe Biden (2021-2025). Su gobierno promovió el fortalecimiento de las cadenas de suministro norteamericanas sin un plan específico para México, pero la reconfiguración del comercio global lo hizo inevitable: Amazon y Royal Caribbean expandieron sus operaciones en el país, y Foxconn anunció nuevas inversiones en manufactura de alta tecnología, consolidando a México como un nodo clave en la producción de semiconductores y exportación.
Sin embargo, la relación económica entre ambos países no ha seguido una sola línea. Los datos de la Secretaría de Economía y de la Oficina del Censo de los Estados Unidos muestran que las políticas de cada partido han dejado huellas distintas en el flujo de capital y la balanza comercial. Para medirlo, SiiLA Resource analizó la participación de Estados Unidos en la inversión extranjera directa (IED) total de México y su crecimiento anual compuesto (CAGR) en cada administración.
Durante el mandato de George W. Bush (2001-2008), la participación de Estados Unidos en la IED total cayó a una tasa de -8.2% anual. Su gobierno enfrentó los efectos rezagados del estallido de la burbuja de las puntocom (2000-2002), los estragos del 11 de septiembre de 2001 y, hacia el final de su mandato, la crisis financiera de 2008, que desplomó la inversión global.
Con Barack Obama (2009-2016), la caída se desaceleró (-2.8% anual). La recuperación económica de Estados Unidos, impulsada por su plan de estímulos y la reactivación manufacturera, evitó una contracción más pronunciada, aunque el inicio de la renegociación del TLCAN en 2016 generó incertidumbre.
Posteriormente, el proteccionismo de Donald Trump (2017-2020) profundizó la caída: -6.4% anual. Su discurso anti-México, la amenaza constante de aranceles y la renegociación forzada del TLCAN hicieron que la inversión fuera más volátil, aunque México siguió siendo un destino clave.
Y con Joe Biden (2021-2024), la IED de Estados Unidos en México creció un 0.2% anual, marcando la primera recuperación en más de dos décadas. El nearshoring, la estabilización del T-MEC y una política comercial más predecible dieron señales de confianza a los inversionistas, aunque la inflación global y los rezagos de la pandemia limitaron un crecimiento más acelerado.
Si la inversión total ha sido más estable con los demócratas, las nuevas inversiones han mostrado diferencias más marcadas.
Durante la administración de George W. Bush (2001-2008), la participación de Estados Unidos en las nuevas inversiones en México cayó a una tasa anual de -9.5%. Con Barack Obama (2009-2016), la tendencia se revirtió y la nueva IED creció a un ritmo del 2.1% anual. Sin embargo, bajo Donald Trump (2017-2020), la incertidumbre por la renegociación del TLCAN y su política proteccionista provocaron otra caída del -6.2% anual. Finalmente, con Joe Biden (2021-2024), las nuevas inversiones estadounidenses en México crecieron a un ritmo del 16.5% anual, el mayor aumento en 25 años.
Sin embargo, el tipo de inversión ha cambiado. A diferencia de ciclos anteriores, donde el crecimiento se explicaba principalmente por la llegada de nuevas empresas, la expansión más reciente se ha basado en la reinversión de capital de compañías ya establecidas en México.
Un análisis de SiiLA REsource sobre el mercado inmobiliario industrial en México revela que, aunque la llegada de nuevas empresas extranjeras se desaceleró después de 2021, la expansión de las compañías ya instaladas ha sostenido el crecimiento. En los últimos cuatro años, las empresas extranjeras han absorbido casi 13 millones de metros cuadrados de espacio industrial en México, con las estadounidenses a la cabeza.
Este fenómeno explica en parte el crecimiento de las inversiones con Biden. Mientras la llegada de nuevas compañías foráneas cayó un 31% desde el pico del nearshoring en 2021, la reinversión de capital de empresas ya instaladas se duplicó en el mismo periodo. De hecho, aunque las nuevas inversiones extranjeras cayeron un 67% entre 2021 y 2023, la IED total siguió creciendo entre un 7% y 8%, reflejando un cambio en la estrategia de inversión.
Mientras la inversión ha seguido ciclos de estabilidad y transformación, el comercio ha respondido a dinámicas distintas, en las que los gobiernos republicanos han tenido un impacto aún más notable en la balanza comercial.
Durante la administración de George W. Bush (2001-2008), el superávit comercial de México con Estados Unidos creció a una tasa anual compuesta de 11.6%. La expansión del TLCAN y el auge de la manufactura en México impulsaron las exportaciones, mientras que el consumo en Estados Unidos mantuvo la demanda de productos mexicanos en niveles altos.
Con Barack Obama (2009-2016), el crecimiento del superávit se desaceleró a 4.1% anual. La crisis financiera de 2008 y la recesión global afectaron la demanda de bienes manufacturados, reduciendo el ritmo de crecimiento del comercio bilateral.
Pero fue con Donald Trump (2017-2020) cuando la balanza comercial de México dio un giro inesperado: el superávit creció un 17.1% anual, el mayor ritmo registrado hasta ese momento. Sus amenazas de aranceles y su retórica proteccionista no redujeron el déficit comercial de Estados Unidos; al contrario, muchas empresas prefirieron fortalecer sus cadenas de producción en México para evitar costos adicionales.
Y con Joe Biden (2021-2024), la tendencia se mantuvo: el superávit mexicano creció un 17.7% anual, alcanzando un máximo histórico en 2023, cuando la estabilidad del T-MEC y la reconfiguración de cadenas de suministro consolidaron a México como el principal socio comercial de Estados Unidos, superando incluso a China y marcando un punto de inflexión en la relación bilateral.
En los próximos años, con la renegociación del T-MEC en 2026 y una nueva administración republicana en la Casa Blanca, la relación comercial entre México y Estados Unidos entrará en una nueva fase de ajustes e incertidumbre. Pero si algo han demostrado las últimas décadas, es que la política puede cambiar de rumbo, pero la economía sigue su propia lógica.
Washington podrá modificar su discurso, pero la realidad ha sido más fuerte que la retórica de puentes y muros. Y en ese juego, los gobiernos pasan, los tratados se reescriben y las crisis van y vienen, pero el dinero siempre encuentra su cauce. La pregunta es: ¿quién lo aprovechará mejor esta vez?
Entender el futuro de la inversión y el comercio entre México y Estados Unidos requiere seguir de cerca los datos, las tendencias y las estrategias de los principales actores económicos. Para más análisis sobre el desempeño de la economía, las perspectivas de inversión y el mercado inmobiliario industrial, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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