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Hoy, mientras millones de estadounidenses eligen a su próximo presidente, México observa atento. La relación bilateral es clave para la economía y el crecimiento del sector inmobiliario industrial, en un contexto en el que el nearshoring ha convertido a México en un destino atractivo para las inversiones internacionales que buscan acercarse al mercado estadounidense, aprovechando los tratados comerciales entre ambos países. La elección entre Kamala Harris y Donald Trump marca una diferencia de estilo y enfoque, pero ambos candidatos priorizarán los intereses de Estados Unidos. Para México, esto podría traducirse en oportunidades y desafíos en materia de comercio, migración, seguridad y cooperación industrial.
La trayectoria de Harris como vicepresidenta en la administración de Joe Biden y la de Trump como expresidente ofrecen perspectivas sobre el futuro de la relación entre México y Estados Unidos.
Harris, con su enfoque en cooperación y sostenibilidad, podría fomentar el crecimiento de sectores industriales mexicanos alineados con energías limpias y tecnología avanzada, beneficiando especialmente a las manufacturas de alto valor agregado en los mercados fronterizos. Sin embargo, este enfoque también podría implicar regulaciones más estrictas y mayores expectativas de sostenibilidad y eficiencia productiva, lo que podría afectar la rentabilidad de algunas empresas y la demanda de espacios industriales en ambos lados de la frontera. Trump, en cambio, ha promovido políticas proteccionistas —sobre todo contra empresas chinas en México— que podrían generar tensiones comerciales. No obstante, en su mandato anterior, México mantuvo su rol estratégico en sectores clave como el automotor y manufacturero, incluso en un entorno de mayor competencia. Esto supuso una política de reducción de costos para empresas estadounidenses que, de continuar, podría seguir beneficiando a México, sobre todo en temas de transporte y logística.
Independientemente del resultado electoral, el nuevo ocupante de la Casa Blanca deberá gestionar una creciente interdependencia comercial con México, que en los primeros ocho meses de 2024 concentró el 16% del comercio total estadounidense, consolidándose como su principal socio. En ese periodo, México lideró las importaciones hacia Estados Unidos con un 15.7% del total y se posicionó como el segundo destino de las exportaciones estadounidenses, con un 16.4%, según la Oficina del Censo.
Estos datos reflejan la importancia de una relación estable y mutuamente beneficiosa, en un entorno de competitividad global donde muchas empresas estadounidenses dependen de las políticas y tratados comerciales entre ambas naciones, sobre todo considerando que, según SiiLA, más de un 34% del espacio industrial en México es ocupado por empresas estadounidenses.
Los temas clave para la próxima administración estadounidense incluyen el T-MEC, la migración y la seguridad, además de las condiciones de competitividad en América del Norte, donde los bajos salarios y la falta de condiciones sindicales en México contrastan con las de Canadá y Estados Unidos. Estos factores afectan directamente al mercado inmobiliario industrial, y cada candidato presenta tanto riesgos como beneficios.
En comercio, el T-MEC es indispensable para México, pues asegura acceso preferencial a su principal socio comercial. Harris probablemente mantendría el acuerdo con un enfoque cooperativo, exigiendo mayores estándares productivos y comerciales que fortalezcan la imagen de México como socio confiable, aunque también elevarían los costos de cumplimiento, especialmente por el tema ambiental, afectando la rentabilidad de algunas empresas y el equilibrio entre la oferta y la demanda de espacios industriales. Trump, por otro lado, podría proponer ajustes en el T-MEC para favorecer a la industria local estadounidense, como los aranceles a empresas chinas de vehículos y partes, con lo que, por cierto, Harris podría concordar. Aunque esto podría incentivar a muchas empresas a trasladar su producción a México para evitar costos adicionales, impulsando así la demanda de espacios industriales, también podría generar tensiones al convertir al país en un competidor directo en el mercado estadounidense. Sin embargo, por su enfoque pragmático, la administración de Trump preservaría una flexibilidad regulatoria que permita a las empresas estadounidenses beneficiarse de los costos competitivos en México, impulsando la demanda industrial y evitando conflictos comerciales.
En migración, ambos candidatos mantienen posturas estrictas, aunque con distintos enfoques. Harris promueve una cooperación regional para reducir la migración desde Centroamérica, lo que podría facilitar un clima favorable para inversiones industriales en el sur de México. No obstante, durante la administración Biden-Harris se implementaron medidas fronterizas aún más estrictas que las políticas de deportaciones y restricciones de acceso establecidas por Trump en su administración de 2017 a 2021, como el reforzamiento del Título 42, que permitió expulsiones rápidas en la frontera bajo razones de salud pública. Trump, en contraste, propone una política de “tolerancia cero” con medidas como la reinstauración del programa “Quédate en Mexico” y una mayor militarización en la frontera. Aunque su enfoque podría endurecer la percepción de estabilidad en las áreas fronterizas, su administración pasada mostró un importante margen de negociación en temas comerciales, lo que podría dejar espacio para acuerdos informales que beneficien a la inversión industrial con fuerza de trabajo migrante en áreas estratégicas.
La seguridad es otro tema central. Harris ha defendido una estrategia de cooperación en seguridad con México para reducir el tráfico de drogas y armas, fortaleciendo las instituciones en ambos países. Esta colaboración podría mejorar la percepción de estabilidad en zonas de inversión industrial, especialmente en el norte, donde las empresas estadounidenses buscan entornos seguros. Sin embargo, un enfoque más riguroso en seguridad también podría presionar a México a responder con mayor fuerza a problemas internos, lo que podría elevar costos operativos y potencialmente intensificar la violencia en algunas regiones. Trump, en cambio, plantea una política de “tolerancia cero” que, si bien podría tensar las relaciones diplomáticas, también permitiría concesiones en temas industriales, facilitando inversiones en áreas estratégicas para ambos países, aún en un entorno de seguridad fronteriza más estricto.
En conjunto, ambos candidatos representan perspectivas distintas, pero coinciden en la relevancia de México como socio clave en la región. Para el mercado inmobiliario industrial, el contexto de nearshoring y la relación comercial con Estados Unidos seguirán siendo factores decisivos. Con Harris, México podría avanzar en sostenibilidad y cooperación regional, aunque bajo regulaciones más exigentes; con Trump, el país podría esperar mayor flexibilidad política, aunque con un estilo más confrontativo. La elección de hoy definirá el rumbo de la relación bilateral y, con ello, el futuro de la inversión industrial y la estabilidad para México en un contexto de creciente interdependencia económica.
Para saber más sobre el desempeño y desarrollo del mercado inmobiliario industrial en México, explora SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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