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En la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, las empresas no solo ajustan su presencia. También recalibran la calidad del espacio que ocupan.
De acuerdo con SiiLA, entre el primer trimestre de 2025 y el primero de 2026, más de 100 empresas, equivalentes al 2% de los inquilinos de oficinas en esos tres mercados, comenzaron a ocupar oficinas de una clase distinta —A+, A o B— a la que ya ocupaban en el mismo submercado, sin necesariamente liberar espacio.
Así, por ejemplo, en 2025 Fortem Capital empezó a ocupar espacios de clase A+ en la Torre II de Downtown Santa Fe mientras mantenía oficinas de clase A en el Corporativo Santa Fe 505. En otro caso, Coppel dejó de registrar ocupación en sus oficinas clase B de Insurgentes 550 y comenzó a ocupar espacios de clase A y A+ en Insurgentes 553 y la Torre Vistral Insurgentes. Paralelamente, Subaru arrendó oficinas de clase B en la Torre Mariano Escobedo, en Polanco, donde ya mantenía una sede clase A en Masaryk 111.
En total, el análisis identificó más de 1,100 movimientos. De ellos, 567 correspondieron a empresas que empezaron a ocupar oficinas de una clase superior a la que ya tenían dentro del mismo submercado, mientras que otros 570 correspondieron a oficinas de una clase inferior.
Sin embargo, esos movimientos rara vez implicaron cambios extremos de calidad. El 63% ocurrió entre edificios premium A+ y A. Otro 13% se registró entre espacios de clase A y B. En contraste, menos de una cuarta parte correspondió a saltos entre A+ y B.
La misma concentración en movimientos entre clases contiguas —y la misma relación casi simétrica entre clases superiores e inferiores— también se observó entre sectores corporativos, aunque algunos concentraron una mayor proporción de los casos. Cerca de la mitad correspondió a empresas de bienes raíces y finanzas, mientras que otro 32% se distribuyó entre firmas legales, aseguradoras, automotrices, constructoras, energéticas, logísticas, tecnológicas y compañías de servicios empresariales.
En conjunto, los datos apuntan menos a una sustitución radical entre segmentos y más a un reacomodo gradual dentro de ellos. Y así, más que desplazamientos abruptos entre extremos del mercado, los movimientos parecen responder a ajustes entre activos comparables, donde la competencia se concentra en diferencias marginales de costo, eficiencia, antigüedad, amenidades y operación.
La tendencia no parece limitarse al periodo analizado, sino formar parte de un patrón recurrente. Las seis transiciones de calidad estudiadas —de edificios clase A+ a A, de A a A+, de A a B, de B a A, de A+ a B y de B a A+— registraron coeficientes de variación bajos, de entre 1.5% y 5.2%, lo que indica fluctuaciones mínimas respecto a sus promedios históricos. Además, las correlaciones entre la composición porcentual de cada trimestre fueron superiores a 0.998, confirmando que la estructura de los movimientos se mantuvo prácticamente constante durante todo el periodo analizado.
Esa estabilidad también sugiere que la competencia entre activos comparables se ha vuelto un componente estructural del mercado corporativo.
En un contexto donde la disponibilidad tiende a la baja y la rotación sigue ocurriendo de forma estable, la presión ya no parece concentrarse únicamente en llenar espacios vacíos, sino en evitar que los ocupantes encuentren una alternativa más competitiva dentro del mismo corredor. Bajo esa lógica, parte de la disponibilidad corporativa podría reflejar menos un problema de demanda que una pérdida relativa de relevancia frente a edificios más eficientes y mejor alineados con las condiciones actuales de operación.
No obstante, los movimientos entre distintas clases de oficinas parecen intensificarse conforme aumenta la profundidad y concentración del mercado corporativo, pues entre más amplio es el inventario comparable dentro de un corredor, mayor parece ser la capacidad de las empresas para reconfigurar su ocupación entre activos similares sin alterar significativamente ubicación, operación o acceso corporativo.
Según SiiLA, el 84% de los movimientos detectados se concentró en la Ciudad de México, frente al 13% de Monterrey y el 3% de Guadalajara. Dentro de la capital, Polanco, Insurgentes y Santa Fe agruparon tres cuartas partes de la rotación registrada. En Monterrey, Valle Oriente concentró el 58% de los movimientos locales, mientras que Providencia reunió cerca de la mitad en Guadalajara.
Visto así, el mercado corporativo mexicano se parece menos a una industria inmóvil y más a un ecosistema de ajuste permanente, donde los inquilinos consolidados rara vez abandonan la cancha, pero constantemente reajustan su posición dentro de ella.
Para más información del mercado de oficinas en México, visita SiiLA Market Analytics o escríbenos a contacto@siila.com.mx.
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Nota metodológica: El análisis identifica movimientos compatibles con reconfiguración de portafolio entre clases de oficinas (A+, A y B) a partir de la comparación de registros trimestrales de ocupación entre 1T 2025 y 1T 2026 en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Para ello, se compararon pares consecutivos de trimestres y se identificaron casos en los que un mismo inquilino apareció asociado a un inmueble de distinta clasificación dentro de un mismo submercado. Los movimientos fueron clasificados como upgrades (B→A, B→A+, A→A+) o downgrades (A+→A, A+→B, A→B), incorporando variables como edificio origen y destino, superficie ocupada, diferencia de metros cuadrados, mercado, submercado y tipo de movimiento territorial. Dado que una empresa puede mantener operaciones simultáneas en múltiples inmuebles, reducir o expandir superficie, o reconfigurar parcialmente su portafolio sin abandonar completamente una ubicación previa, los resultados no deben interpretarse automáticamente como mudanzas definitivas, sino como patrones compatibles con procesos de migración, consolidación, expansión o redistribución operativa.











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