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En México ya no se construyen tantas oficinas como antes, pero el desarrollo continúa, en un contexto donde las empresas son más cautelosas y los desarrolladores más selectivos.
Entre 2015 y 2019, se entregaban en promedio 46 edificios al año en los principales mercados del país, incluidos Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Con la pandemia, el ritmo cambió. Entre 2020 y 2022 bajó a 25, y en 2023 y 2024, a solo 13 por año. Para 2025, con un mercado aún en recuperación, se proyectan hasta 18 nuevos inmuebles, aunque el número final podría ser menor, según SiiLA.
La reducción en el volumen no solo responde al reacomodo postpandemia, sino también a un cambio estructural del mercado: desde 2021, el desarrollo de edificios de clase B —que hace un lustro representaban una de cada siete nuevas entregas— prácticamente se detuvo en los mayores mercados nacionales, hoy enfocados en inmuebles premium de clase A y A+.
Sin embargo, la pausa en el volumen no frenó la escala. En la última década, el tamaño promedio por propiedad se ha mantenido relativamente constante, en torno a los 14,500 metros cuadrados. La contracción, por tanto, no implica un cambio en el tipo de producto, sino en la disposición a construirlo: menos edificios, pero igual de grandes.
Eso refleja una reacción más inercial que transformadora. ¿Por qué? Porque incluso con menor apetito —la tasa de disponibilidad casi se duplicó entre 2015 y 2022, al llegar al 22%, y hoy ronda el 17%, aún por encima de los niveles de hace diez años— el mercado sigue produciendo espacios de gran escala. Todo esto, a pesar de que los contratos y esquemas de ocupación son cada vez más flexibles.
¿Qué revela este desfase entre forma y fondo? Que, aunque el mercado entrega menos, sigue diseñando como si la etapa expansiva de antes de la pandemia no hubiera terminado.
Algunos podrían interpretarlo como una señal de confianza, y en parte lo es: el diseño del producto aún no incorpora del todo los nuevos patrones de ocupación ni la duración más incierta de los ciclos. Y así, se construye con la expectativa de que la demanda volverá a crecer.
No obstante, también revela algo más estructural: que en México el desarrollo obedece más a la lógica del capital que a señales directas de demanda —porque hay financiamiento, inversión comprometida o tierra disponible—. Y eso, aunque implica riesgos, también abre oportunidades para quienes sepan leer mejor el momento y adaptar la ocupación a una infraestructura que todavía piensa en grande.
Por ahora, los datos indican que 2025 podría cerrar con más inmuebles que los dos años anteriores, aunque no hay señales claras de un nuevo ciclo expansivo.
Según SiiLA Market Analytics, el volumen de entregas previsto entre este y el próximo año —alrededor de 650 mil metros cuadrados— confirma que la construcción sigue contenida frente a los niveles prepandémicos, concentrada en mercados consolidados y, en muchos casos, sujeta a condiciones previas de ocupación.
Sin embargo, el arranque del año ha sido lento: el volumen de entrega durante los primeros meses fue mínimo y los contratos de prearrendamiento, casi inexistentes. Aun así, la disponibilidad continúa bajando y la absorción neta se mantiene estable y en saldo positivo. Pero esa corrección no ha impulsado los precios: los niveles actuales son similares a los de 2021-2022, y, al sumarse la inflación, implican una rentabilidad más limitada. En otras palabras, el mercado aún navega entre correcciones y cautela.
En este contexto, entender el ritmo real del mercado —más allá de cifras aisladas— no es solo útil: es imprescindible. Para profundizar en los datos, comparar submercados o anticipar lo que sigue, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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