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Querétaro no tuvo un buen trimestre. Tuvo uno de los mejores de su historia. Entre enero y marzo de 2025, incorporó más de 240,000 metros cuadrados industriales —su mayor volumen en un trimestre desde que SiiLA tiene registro. Apenas tres meses antes, ya había alcanzado otro récord, con más de 160,000. Dos marcas consecutivas que no solo hablan de expansión, sino de un nodo que empieza a doblar el mapa industrial del país en torno a sí.
No fue un repentino estallido. Entre 2019 y 2020, Querétaro ya mostraba una trayectoria ascendente, con entregas promedio de 84,000 metros cuadrados por trimestre. La pandemia interrumpió ese ritmo —paralizando casi por completo algunos trimestres de 2021— pero no lo desvió. Desde el cuarto trimestre de ese año, el mercado retomó el paso y lo aceleró. Y así, en los últimos 14 trimestres se han entregado casi 1.5 millones de metros cuadrados, con un promedio superior a los 100,000 y una frecuencia de ocho propiedades por trimestre, frente a siete antes de la pandemia.
Pero lo más revelador no es cuánto se ha construido, sino cuánto se ha ocupado.
Desde 2022, cada ola de entregas ha coincidido con una absorción sólida —bruta y neta— con picos notables en 2022, 2023 y, de forma extraordinaria, en el arranque de 2025. Ese trimestre no solo rompió récord en inventario: también alcanzó una absorción bruta de 459,000 metros cuadrados y una neta de 329,000, lo que significa que se ocupó más espacio del que se entregó, incluso descontando las salidas. Y no ha sido la única vez. En nueve de los últimos 25 trimestres, la absorción neta igualó o superó al nuevo inventario, una señal clara de un mercado con demanda sostenida y rotación moderada.
Buena parte de esa ocupación ha venido de la mano de inquilinos de alto perfil. En el primer trimestre de este año, compañías como Abbott, Bimbo, Eaton, JAC, Microsoft y Volkswagen lideraron la absorción, reflejando la convergencia de manufactura avanzada, tecnología, salud y consumo en la región.
Esa diversidad no es anecdótica. En el primer trimestre de 2025, tres sectores —automotriz, empaques y bienes de capital— concentraron el 61% del espacio absorbido. No es una anomalía coyuntural: son las mismas industrias que, junto con otras ramas manufactureras, ya conforman la base estructural del mercado. Hoy, las manufacturas representan el 66% del inventario ocupado, seguidas por productos de consumo (11.5%) y transporte y logística (5%).
La intensidad de la demanda no ha pasado desapercibida en los precios. Entre inicios de 2022 y el arranque de 2025, las rentas industriales en Querétaro se apreciaron más de 40%. Hoy, los precios promedio oscilan entre cinco y seis dólares por metro cuadrado, dependiendo del tipo de propiedad (clase B o A). Pero no es inflación especulativa: es un alza respaldada por ocupación real, absorción efectiva y escasez progresiva de espacios premium.
Esa misma solidez que se ve en los números empieza a notarse también en la naturaleza de las inversiones.
Querétaro está captando proyectos que definen el futuro del sector industrial. Un ejemplo claro es la inversión de 5,000 millones de dólares anunciada por Amazon Web Services en 2024, destinada a desarrollar una ciudad digital en el estado, enfocada en infraestructura de nube, almacenamiento e inteligencia artificial. Microsoft también ha ampliado su presencia en la zona, como parte de una tendencia más amplia en la que los grandes jugadores tecnológicos apuestan por Querétaro no por inercia logística, sino por lógica estratégica. Aquí, la conectividad, el talento técnico y la concentración de industrias avanzadas comienzan a crear un ecosistema industrial que, además de producir, piensa, procesa y escala operaciones.
Ese giro estratégico se refleja en las decisiones de inversión.
Entre 2020 y 2024, la Inversión Extranjera Directa en Querétaro creció 22.6%, pasando de 861 a 1,055 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Economía. Ese volumen se complementa con un dato revelador de la Secretaría de Desarrollo Sustentable estatal: en 2024, el 40% de los proyectos de inversión correspondieron a ampliaciones, no a nuevas entradas, lo que sugiere que las empresas están llegando y, al mismo tiempo, apostando por quedarse.
Pero no es solo una apuesta industrial. El año pasado, Querétaro fue el tercer destino de América Latina —detrás de Santiago y São Paulo— para la instalación de centros de datos, reforzando su papel emergente como eje de infraestructura tecnológica en el Bajío mexicano.
Sin embargo, esa transición no está asegurada. El volumen absoluto de Querétaro aún está por debajo de gigantes como Monterrey, Guadalajara o Ciudad de México, y Guanajuato mantiene ventajas operativas en rutas clave de manufactura, logística y tecnología. Por eso, el verdadero reto de la región no es crecer, sino sostener ese crecimiento sin que el éxito se vuelva un freno, en un contexto en que su infraestructura de servicios básicos, disponibilidad de suelo e integración metropolitana ya muestran señales de tensión. Y ahí está el punto. Si Querétaro quiere seguir doblando el mapa, tendrá que lograr que el mapa se doble con él.
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