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A la entrada del Parque Industrial Marabis Castro del Río, en Guanajuato, el sol golpea el metal de un letrero donde se lee, en letras rojas, “Ofrecemos edificios en renta (BTS) y en venta (BTO)”. Pero detrás de unas siglas aparentemente anodinas se esconden dos modelos de negocio que no solo definen los términos de ocupación de un espacio industrial, sino también cómo una empresa gestiona su relación con el riesgo, la liquidez y el control operativo a largo plazo.
Los proyectos BTS (Build-to-Suit) son construcciones a la medida de las necesidades del inquilino, diseñadas específicamente para la renta. La propiedad permanece en manos del desarrollador, aunque en algunos casos pueden incluir cláusulas de opción de compra o, con el tiempo, venderse bajo acuerdos posteriores. En contraste, los desarrollos BTO (Build-to-Own) también se diseñan según los requerimientos de la empresa, pero con la diferencia fundamental de que esta los adquiere desde el inicio, asumiendo la inversión y el riesgo inmobiliario a cambio de control total sobre el activo.
A nivel nacional, los inmuebles BTS son muy comunes. Según SiiLA Market Analytics, casi tres cuartas partes del nuevo inventario industrial sale al mercado con acuerdos de prearrendamiento, muchos de ellos BTS. En cambio, las propiedades BTO son menos comunes.
Lo anterior no es coincidencia. La estructura del mercado responde a factores económicos y estratégicos que han consolidado a la renta como el modelo dominante.
Entre 2020 y 2024, más de 2,000 compañías —nuevas y existentes— absorbieron cerca de 33 millones de metros cuadrados industriales en los principales mercados inmobiliarios del norte, centro y Bajío del país, según datos de SiiLA. Estas transacciones de renta no implican, necesariamente, un crecimiento de mercado, pero reflejan un alto volumen de actividad en un contexto donde la gran mayoría de las transacciones son de renta.
Detrás de esta tendencia hay factores clave, como la expansión de la manufactura internacional, que ha trasladado su producción a México para reducir riesgos logísticos y asegurar continuidad operativa sin la carga de mantener inmuebles propios.
Asimismo, el auge del comercio electrónico ha detonado una demanda sin precedentes por centros de distribución en ubicaciones estratégicas con disponibilidad inmediata. A esto se suma la infraestructura, los costos competitivos y la disponibilidad de mano de obra, que concentran la inversión en zonas con alta conectividad, donde la compra de terrenos para desarrollo industrial es limitada. Como resultado, la renta se ha convertido en una opción más viable para la mayoría de las empresas.
Sin embargo, el punto de inflexión no es únicamente operativo. También es financiero, ya que la compra de naves industriales implica una inmovilización de capital que muchas compañías prefieren evitar, especialmente en un mercado donde las rentas en dólares permiten flexibilidad, escalabilidad y acceso a espacios listos para operar sin compromisos de largo plazo.
Elegir entre BTS y BTO es una decisión estratégica que define el desempeño financiero y operativo de las empresas.
Los desarrollos BTS ofrecen acceso inmediato a propiedades sin involucrar una elevada inversión inicial o comprometer capital en activos fijos. Esta opción domina en mercados muy dinámicos, donde la oferta es limitada. Sin embargo, implica depender de un arrendador, estar sujeto a ajustes en la renta y, en algunos casos, aceptar contratos de largo plazo que pueden restringir la movilidad o la expansión.
Los inmuebles BTO, en cambio, reducen costos derivados de la volatilidad de precios de rentas, pero implican una inversión inicial significativa que reduce la liquidez y requiere asumir costos adicionales de mantenimiento y gestión. Además, a diferencia de las naves BTS, donde la ocupación es casi inmediata, las BTO requieren permisos, construcción y una planeación más extensa antes de operar. Por lo general, los BTO se ubican fuera de los mercados industriales más cotizados, lo que muchas veces permite la reducción de costos operativos, e incluso, incentivos fiscales que compensan la inversión.
Aunque la elección entre uno y otro modelo en México responde a una lógica de agilidad y optimización financiera, la ecuación no es estática. Factores como el costo de financiamiento, la consolidación de industrias estratégicas y la reconfiguración del nearshoring determinan el balance entre modelos. Mientras tanto, algunas empresas buscan un punto intermedio, combinando esquemas como renta con opción a compra o sale & leaseback, donde venden sus activos para liberar capital, pero continúan operando en el mismo espacio bajo un contrato de arrendamiento.
Hasta el momento, las tendencias indican que el mercado inmobiliario industrial se inclina más hacia una competencia entre desarrollos con acuerdos de prearrendamiento y aquellos especulativos, más que entre propiedades en renta y venta.
Solo en el último año, México vivió cambios importantes en términos de oferta industrial. En 2024, la construcción especulativa alcanzó niveles sin precedentes: más de 2.1 millones de metros cuadrados —o el 27.5% del nuevo inventario— salieron al mercado sin un inquilino asegurado. Este volumen de entrega equivalió a casi todo el inventario especulativo entregado entre 2021 y 2023, en un contexto de repunte impulsado por el aumento de financiamiento para proyectos especulativos a partir del punto más alto del nearshoring hacia México, ocurrido en 2021.
Hacia adelante, la pregunta ya no es si el mercado seguirá dominado por la renta, sino qué tan lejos puede llevarse este modelo antes de encontrar un punto de inflexión.
Para saber más sobre las tendencias que definen y redefinen el mercado inmobiliario comercial, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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