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En un mundo donde las dinámicas geopolíticas y económicas se transforman con rapidez, el flujo de capital de Asia hacia mercados extranjeros se ha convertido en un barómetro de cambios en el escenario global. En los últimos 16 años, por ejemplo, la distribución geográfica de las inversiones chinas ha experimentado cambios significativos, marcando un giro decidido hacia países de América Latina y del sur de África, donde la proporción de capital chino por inversión ha aumentado 220% y 230%, respectivamente, según datos de la American Enterprise Institute (AEI).
Aunque este cambio refleja un proceso de adaptación estratégica frente a regulaciones más estrictas en los países desarrollados y la reducción de costos operativos a través de materias primas más baratas, como en el caso africano, en América Latina se hizo más evidente a partir de 2018 por las crecientes incertidumbres geopolíticas entre China y Estados Unidos, y ganó impulso en 2021 con la relocalización de empresas generada por la pandemia de coronavirus.
En este sentido, México ha sido testigo de un notable aumento en la llegada de inversiones asiáticas, como la de la especialista en electrónica Hisense que anunció una inversión de 250 millones de dólares en 2023 para abrir su segunda planta en Monterrey, Nuevo León, destacando la diversificación y el enfoque estratégico hacia mercados emergentes. Desde 2007, el país ha recibido un promedio de 250 millones de dólares anuales sólo de inversión china, incluyendo la adquisición de acciones, la construcción de nuevas instalaciones (conocidas como inversiones “greenfield”) y la expansión de propiedades existentes. Estas inversiones han priorizado los sectores energético, de vehículos y transporte, además de metales e infraestructura, que representan cerca del 80% de los flujos de capital registrados por la AEI.
Incluso, esta llegada de inversiones a México se ha visto reflejado en el mercado inmobiliario comercial. Sólo en los últimos tres años, el área bruta rentable industrial y corporativa ocupada por empresas chinas se triplicó en México, superando los 2.6 millones de metros cuadrados a nivel nacional, de acuerdo con SiiLA. En ese mismo periodo, el número de inversiones de aquel país en México aumentó un 83% y el monto de las inversiones repuntó un 5%. El mercado inmobiliario, particularmente el segmento industrial, se ha visto beneficiado por esta inyección de capital, impulsando la demanda de espacios para manufactura y logística. Este fenómeno se alinea con una estrategia comercial del país asiático para diversificar sus inversiones y asegurar recursos clave, mientras busca simultáneamente mitigar las tensiones comerciales con Estados Unidos mediante la exploración de mercados alternativos y estratégicos como México.
Aunque México ha emergido como un protagonista clave en la narrativa de la inversión china en América Latina, aún tiene amplios márgenes de crecimiento en comparación con gigantes regionales como Brasil, que ha recibido un promedio de 800 millones de dólares por año desde 2005.
La inversión de países asiáticos en México, y más ampliamente en América Latina y África, es probable que continúe creciendo en el futuro previsible. Esta tendencia se ve impulsada por la necesidad de asegurar sus suministros de energía y alimentos, así como por el deseo de diversificar sus reservas extranjeras en respuesta a las lecciones aprendidas de la guerra en Ucrania y la delicada situación comercial de algunos países con Estados Unidos. México, con su riqueza de recursos y su necesidad de desarrollo en infraestructura, representa una oportunidad estratégica para la inversión. Además, la continua reubicación de las cadenas de suministro globales, acelerada por las tensiones comerciales, podría ver a México beneficiarse aún más como destino de inversión para las empresas orientales que buscan diversificar su producción y acceso a mercados, sobre todo considerando el complejo escenario mundial para la potencia económica más grande de Asia.
Por un lado, la inversión china en Norteamérica, incluyendo a Estados Unidos y Canadá, ha disminuido drásticamente, registrando en 2023 uno de los flujos de capital más bajos desde 2005, pasando a constituir aproximadamente la mitad del total de flujos de capital china de 2022 y 2021. Este declive se atribuye no sólo al impacto de la pandemia sino también a un entorno regulatorio cada vez más hostil hacia las inversiones del país asiático. Paralelamente, la relación entre China y Australia ha experimentado un deterioro notable, lo que ha llevado a una disminución en el comercio y la inversión bilateral. En contraste, Europa se mantiene como un destino importante para la inversión de ese país oriental, gracias a un enfoque regulatorio que aún permite ciertas oportunidades para los inversionistas, especialmente en Alemania.
Aunque la geopolítica mundial está generando un panorama prometedor para países latinoamericanos como México, la situación no está exenta de desafíos. La creciente inversión de potencias asiáticas, en especial en sectores críticos, puede generar preocupaciones regulatorias, requiriendo un equilibrio cuidadoso por parte del gobierno mexicano para asegurar que el crecimiento impulsado por la inversión extranjera se alinee con los objetivos nacionales de desarrollo sostenible y beneficio social. Y particularmente para el sector inmobiliario, esto significa una oportunidad dorada pero también una serie de retos, considerando que el crecimiento del mercado inmobiliario y la atracción de inversiones extranjeras deben equilibrarse con consideraciones sobre sostenibilidad, impacto social y alineación con los objetivos de desarrollo nacional a largo plazo.
Para obtener más información y análisis sobre el mercado inmobiliario comercial, explora SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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