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Estantes desolados y vitrinas apagadas han comenzado a marcar el paisaje de algunos de los centros comerciales más concurridos de México. En el último año, cadenas como Epic Land, Juguetrón y Juguetibici dejaron atrás algunos espacios, impulsadas por reestructuras internas o, quizá, por las presiones de un mercado en constante cambio.
Como haya sido, estos casos reflejan una realidad ineludible: el sector juguetero fue uno de los que más espacios de retail desocuparon entre 2023 y 2024. Según datos de SiiLA, el metraje desocupado por jugueterías triplicó el volumen de absorciones, reduciendo su área bruta rentable en un 9%. Sin embargo, esto no quiere decir que el sector haya dejado de crecer ni que haya perdido su relevancia en el mercado. Por el contrario, las jugueterías continúan ajustando su estrategia, concentrándose en puntos de venta más rentables y explorando nuevas formas de conectar con sus consumidores.
Actualmente, cerca del 42% de las ventas totales de juguetes ocurren en centros comerciales, de acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (AMIJU). El resto se distribuye entre expendios tradicionales, tianguis y mercados, que concentran más del 50% de las transacciones, mientras que los canales digitales representan alrededor del 5%.
Pero, ¿si hay diversificación de canales, crecimiento de mercado y temporadas clave como Navidad y Reyes impulsando las ventas, por qué las jugueterías parecen estar perdiendo terreno?
Más allá de los escaparates vacíos provocados por la reconfiguración de algunas compañías —pues, según SiiLA, las salidas se concentraron en una decena de empresas que reajustaron sus espacios, representando apenas una quinta parte de las jugueterías monitoreadas—, el sector enfrenta desafíos que trascienden las cifras: una economía incierta, problemas logísticos globales y una competencia feroz que pone a prueba su capacidad de adaptación.
Datos del INEGI y de la Secretaría de Economía indican que, aunque el peso del sector juguetero dentro de la industria manufacturera ha ganado terreno en los últimos seis años, sigue siendo modesto. Hoy representa menos del 1% de las manufacturas del país, con ventas anuales que rondan los 3,000 millones de dólares. Sin embargo, la AMIJU proyecta un crecimiento sostenido para los próximos dos años, con un ritmo estimado del 5.6% anual.
La cuestión es que México, más que sobresalir como un gran consumidor de juguetes en su mercado interno, se distingue por ser un importante productor y exportador. Esto sugiere que, aunque el mercado nacional de retail se mantiene relativamente estable, la verdadera fuerza del sector radica en su capacidad para abastecer a mercados internacionales. De hecho, México alberga la fábrica de juguetes más grande del mundo: la planta de Lego en Ciénega de Flores, Nuevo León, cuya producción está destinada casi en su totalidad a la exportación.
Esta dualidad plantea un desafío para el sector: por un lado, la manufactura mexicana debe competir en un entorno global dominado por gigantes como China; y por el otro, el mercado interno enfrenta problemas como el encarecimiento de insumos, la inflación y la competencia de productos importados.
Entre estos problemas, la dependencia de insumos importados destaca como uno de los más críticos. De acuerdo con el INEGI, más del 50% de los materiales utilizados en la fabricación de juguetes provienen del extranjero, principalmente de China, lo que expone al sector a fluctuaciones del tipo de cambio y tensiones comerciales globales. Además, esta dependencia refleja una integración limitada de cadenas productivas nacionales, ya que menos de la mitad de los insumos son de origen local, limitando el impacto económico dentro del país.
El déficit comercial agrava esta situación, reflejando las amplias dependencias del sector tanto en importaciones como en exportaciones. En 2023, las importaciones de juguetes superaron ampliamente a las exportaciones, generando un saldo negativo de más de 570 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Economía. Por un lado, más del 80% de las importaciones provienen de China, estableciendo estándares de precio y volumen difíciles de igualar para los fabricantes locales. Por otro, el 92% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, lo que deja al sector expuesto a la volatilidad de un solo mercado y restringe su presencia en otros destinos internacionales.
Los desafíos externos se reflejan también en el mercado interno, donde los problemas estructurales limitan el crecimiento del sector. Dentro del país, la industria está concentrada en empresas medianas y grandes, mientras que las micro y pequeñas empresas, con menos acceso a tecnología y distribución, ocupan un lugar marginal. Además, los niveles de empleo en el sector han permanecido estancados durante años, evidenciando la falta de un crecimiento dinámico que permita ampliar su base productiva y fortalecer su impacto económico.
A estas presiones internas se suma la inflación que, aunque ha afectado los precios de los juguetes a un ritmo menor que el Índice Nacional de Precios al Consumidor, encarece los insumos y reduce el poder adquisitivo de las familias. Esto impacta directamente las ventas en el mercado interno, especialmente en momentos clave como las temporadas navideñas, cuando la demanda repunta.
Finalmente, la falta de innovación tecnológica y la proliferación de juguetes pirata agravan aún más el panorama. Mientras la demanda de juguetes electrónicos y de alta tecnología redefine las expectativas del mercado, los fabricantes locales enfrentan dificultades para mantenerse competitivos frente a grandes jugadores internacionales que lideran estas tendencias. Por su parte, los juguetes pirata no sólo erosionan los ingresos de los productores formales, sino que también representan un riesgo significativo para la seguridad de los consumidores, especialmente los niños.
A pesar de estos retos, el sector juguetero mexicano podría encontrar un respiro con el nearshoring y el comercio electrónico. La relocalización de cadenas de suministro ofrece la posibilidad de fortalecer la manufactura nacional, reducir la dependencia de insumos importados y consolidar la posición de México como un actor clave en mercados internacionales. Por su parte, el comercio electrónico sigue creciendo como una vía prometedora para diversificar canales de distribución y adaptarse a las demandas de un consumidor cada vez más conectado.
Entender cómo estas tendencias podrían redefinir el panorama del sector juguetero es crucial para anticipar su evolución. En SiiLA REsource, ofrecemos análisis y datos clave para quienes buscan tomar decisiones informadas en el mercado inmobiliario comercial. Para más detalles, escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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