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Tesla está en crisis. La caída de sus ventas, el desplome de su valor en bolsa, la creciente competencia global y las controversias políticas que rodean a su fundador, Elon Musk, han llevado a la compañía a un punto de inflexión. Y así, lo que una vez fue la empresa más innovadora y disruptiva de la industria automotriz enfrenta ahora una tormenta de problemas en todos los frentes.
En Estados Unidos, la demanda de sus autos cayó un 2% en los primeros dos meses de este año y, entre el 2 de enero y el 12 de marzo, sus acciones se desplomaron un 34% en NASDAQ, evaporando miles de millones en valor de mercado. No obstante, el golpe más visible es otro: autos y estaciones de carga de Tesla han sido vandalizados en protesta por la alianza de Musk con Trump, un vínculo que lo ha convertido en símbolo de una agenda política que polariza al país.
Paralelamente, en Europa, las ventas y matriculaciones de la compañía se redujeron a la mitad, golpeando mercados clave como Alemania, Francia e Italia, mientras su imagen se desmorona, arrastrada por conflictos políticos y la ofensiva de Volkswagen y Renault. En China, su mayor motor de crecimiento, las entregas se desplomaron un 49% solo en febrero, mientras productores locales como BYD consolidan su dominio con tecnologías más accesibles y avanzadas. Y en México, un litigio por presunto fraude y corrupción ha puesto en jaque su expansión en Latinoamérica.
Detrás de todo esto hay una serie de decisiones que han minado a una empresa indispensable para el mercado inmobiliario industrial global, pues su infraestructura fabril en tres continentes abarca aproximadamente 2.8 millones de metros cuadrados, un volumen equiparable al 88% del inventario industrial de Mexicali, según datos de SiiLA.
En su último reporte financiero de 2024, Tesla reconoció un freno en su crecimiento. Sus ingresos aumentaron apenas un 2%, la menor expansión en años; la producción cayó un 7% y su margen operativo se redujo a 6.2%, uno de los niveles más bajos en su historia.
Para contrarrestar la desaceleración, la empresa recortó agresivamente los precios de sus autos, sacrificando rentabilidad. Aunque el costo promedio de producción por vehículo cayó a 35,000 dólares en 2024 —su nivel más bajo registrado, impulsado por la disminución en el costo de materiales, mejoras en eficiencia y optimización en la cadena de suministro— la caída en precios superó con creces la reducción de costos, erosionando aún más sus márgenes de ganancia.
El dilema es claro: si Tesla sigue bajando precios para sostener la demanda, su rentabilidad seguirá cayendo; si los mantiene, perderá aún más mercado. Pero el problema va más allá de los precios.
Los costos operativos de la compañía siguen en aumento, impulsados por la inversión en conducción autónoma y la expansión de infraestructura. Como resultado, Tesla gasta más, gana menos y enfrenta una competencia que ya no depende de su imagen de marca para vender autos eléctricos. A esto se suman problemas en producción, como en los casos del Cybertruck, que no ha escalado al ritmo esperado, y el estancamiento de su gigafábrica de Berlín, que aún no alcanza la producción esperada.
Además, la empresa encara un golpe externo: la disminución de subsidios gubernamentales para autos eléctricos en mercados clave, que ha reducido la demanda y afectado directamente el modelo de negocio de Tesla.
Cuando Tesla anunció la construcción de su gigafábrica en Nuevo León en marzo de 2023, el mercado reaccionó de inmediato. Los precios de renta e inversión en tierra industrial en Monterrey se dispararon, impulsados por lo que se conoció como el “efecto Tesla”. Y con una demanda de espacios industriales ya en alza y un inventario reducido, la expectativa de la llegada de la armadora aceleró aún más la presión sobre los mercados industriales clave de México.
Sin embargo, casi dos años después, el panorama es muy distinto. La llegada de Tesla al país es cada vez más incierta, frenada por la saturación de la red eléctrica y la falta de energías renovables, la incertidumbre comercial entre México y Estados Unidos y la próxima renegociación del tratado de libre comercio en Norteamérica. A esto se añade un litigio que ha complicado aún más el panorama.
El terreno donde Tesla planeaba construir su planta está envuelto en una disputa legal de larga data, con acusaciones de fraude y corrupción en el registro de la propiedad. Familias que reclaman la posesión del predio han impugnado la venta, argumentando que la transacción se realizó con documentos irregulares. El caso ha expuesto presunta corrupción en el sistema catastral de Nuevo León y ha dejado en entredicho la seguridad jurídica para inversiones de esta magnitud.
El problema no se limita a Tesla. La incertidumbre sobre su planta en Nuevo León ha congelado inversiones que iban mucho más allá de la armadora. Se estimaba que la llegada de la gigafábrica detonaría 15,000 millones de dólares en inversiones de proveedores, aunque, probablemente, varias empresas retrasaron o ajustaron sus planes ante la falta de avances en el proyecto.
Esta situación no pasa desapercibida en México, donde el sector automotor es un pilar de la economía nacional, aportando en promedio un 4.3% del PIB en la última década y representando una cuarta parte del área bruta rentable (ABR) industrial del país, según datos del INEGI y de SiiLA.
Dentro de este ecosistema, dos de cada diez empresas del mercado industrial están vinculadas con la fabricación de vehículos y autopartes, consolidando a la industria como una de las más influyentes en la ocupación de espacios logísticos y de manufactura.
Si la planta de Tesla en Nuevo León se hubiera concretado en 2024, su impacto en el mercado industrial habría sido innegable. Se proyectaba que la gigafábrica ocuparía al menos 324,000 metros cuadrados de ABR, lo que habría duplicado el crecimiento del sector en la región, llevándolo a un aumento del 35% en un solo año, uno de los más altos desde que se tiene registro.
En contraste, mientras la inversión de Tesla en México se diluye en litigios e incertidumbre energética, la empresa sigue buscando una salida a su crisis global. En 2025, planea lanzar modelos más asequibles para reactivar la demanda y apostará por su tecnología de conducción autónoma para generar ingresos recurrentes. Pero, como en México, el tiempo corre en su contra.
Tesla ya no es la única en la carrera de los autos eléctricos. Su ventaja tecnológica se ha acortado y su dominio del mercado ya no es incuestionable. El verdadero reto no es si puede recuperarse, sino si aún tiene margen para hacerlo antes de quedar rezagada en la industria que ayudó a crear.
Para saber más sobre los actores que impactan el mercado inmobiliario comercial, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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