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En los primeros nueve meses de 2024, 1.3 millones de metros cuadrados industriales fueron desocupados en México. Sin embargo, lejos de ser motivo de alarma, esto refleja los desafíos temporales de algunos inmuebles frente a las cambiantes tendencias de la demanda, considerando que el volumen de absorciones en el mismo periodo fue cuatro veces mayor y que, actualmente, sólo el 40% de los espacios desocupados en 2024 sigue parcial o totalmente disponible.
El éxodo de 163 empresas fue el principal motor detrás de esta desocupación. Mientras 12 optaron por reubicarse en el mismo parque o zona industrial para maximizar la eficiencia de sus operaciones, y nueve trasladaron sus actividades para enfocarse en otros mercados, la gran mayoría, 142 empresas, abandonaron espacios sin ocupar otros inmediatamente. Estos movimientos responden a diversas estrategias empresariales, que van desde ajustes en portafolios hasta vencimientos de contratos a corto plazo.
De los espacios liberados en 2024 que aún están desocupados, la mitad quedó completamente vacía y el resto con una tasa de disponibilidad de entre 10% y 90%. Esta variación destaca diferencias clave en la ubicación, el tamaño y la clase de las naves industriales.
Muchos de los espacios con menor disponibilidad, de menos del 20%, están concentrados en la zona conurbada de la Ciudad de México y presentan una diversidad en tamaño y clase. Aquellos con una disponibilidad de entre el 20% y el 50% son en su mayoría de clase B, con áreas promedio de entre 3,500 y 4,000 metros cuadrados, están distribuidos especialmente en el Bajío y Tijuana. Por otro lado, los espacios con niveles de disponibilidad superiores al 50% y menores al 100% también son mayoritariamente de clase B, con un tamaño promedio de 5,500 metros cuadrados, y se concentran en el noreste del país, particularmente en Reynosa, Tamaulipas.
Finalmente, los espacios completamente vacíos, en su mayoría de clase A y con un tamaño promedio de 8,000 metros cuadrados, tienen presencia destacada en Tijuana y Ciudad Juárez, que concentran casi la mitad de estas propiedades. El resto se reparte en gran medida entre la zona conurbada del Valle de México, Monterrey y Reynosa. Estas cifras reflejan patrones regionales en la dinámica de absorción y disponibilidad, influenciados por la calidad de los inmuebles y las especificidades económicas y logísticas de cada mercado. Esto ocurre en un contexto donde, en lo que va de 2024, las absorciones promedio, es decir, la demanda, han alcanzado los 12,000 metros cuadrados por transacción.
En general, cuatro de cada diez espacios fueron abandonados por compañías de logística, bienes de capital y automotrices, reflejando la movilidad característica de estos sectores. Sin embargo, industrias como la electrónica, la tecnología y los servicios empresariales también tuvieron un impacto significativo, siendo responsables de dos de cada diez desocupaciones.
De acuerdo con los datos de SiiLA, el espacio desocupado más grande que se registró hasta septiembre de 2024 supera los 76,000 metros cuadrados y se ubica en Huehuetoca, Hidalgo, donde una empresa de electrónica liberó la nave a mediados de año. En contraste, el espacio liberado más pequeño tiene menos de 200 metros cuadrados y se encuentra en el Parque Industrial Montenegro en Jalisco, donde una compañía de electrónicos devolvió el inmueble a principios de año. Actualmente, ambos espacios están completamente ocupados, reflejando la sólida competitividad y demanda que caracteriza al mercado industrial en México.
Estas dinámicas revelan patrones generales de desocupación y absorción, además de exponer una realidad más compleja: no todos los inmuebles enfrentan la disponibilidad de la misma manera. Mientras algunas propiedades, particularmente las de clase A en ubicaciones estratégicas, encuentran una rápida reocupación, otras enfrentan tasas de disponibilidad más persistentes, reflejo de desafíos ligados a su ubicación, tamaño o clase. Hoy en día, las características que realmente agregan valor a una nave industrial van más allá de la ubicación; incluyen sustentabilidad, tecnología, calidad de infraestructura, accesibilidad, y flexibilidad tanto en el diseño del espacio como en los términos contractuales. Sin embargo, el verdadero valor estratégico radica en entender cómo estas características pueden responder a las necesidades específicas de cada industria o cliente. Identificar esos nichos y alinear las propiedades a sus exigencias no sólo aumenta su atractivo y rentabilidad, sino que las posiciona como activos clave en un mercado que exige innovación y adaptabilidad constantes.
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