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No todos los edificios de oficinas son iguales. En México, la mayoría no supera los 20,000 metros cuadrados de área bruta rentable, según datos de SiiLA. Eso basta para albergar a más de dos mil trabajadores, repartidos entre escritorios, salas de juntas, pasillos y recepciones. Algunos, sin embargo, duplican o triplican ese tamaño. Otros pocos lo rebasan por cuatro o cinco veces. Y ahí es donde el mercado cambia de escala: ya no se trata de inmuebles, sino de estructuras descomunales que parecen diseñadas no para empresas, sino para contener ciudades enteras.
Cinco edificios en todo el país encarnan esa escala descomunal del espacio corporativo. Centro Bancomer, Torre Mayor, Corporativo Chrysler, Torre Anseli y Torre BBVA, todos en la Ciudad de México, no solo se cuentan entre los más altos o reconocibles, sino entre los más vastos. Juntos concentran más de 420,000 metros cuadrados de oficinas: un volumen difícil de imaginar hasta que se dimensiona la escala de su espacio. ¿Cómo se traduce eso en presencia humana?
Pegadas unas a otras, de pie, cabrían dentro de ellos casi 1.7 millones de personas. Y si se aplica el estándar legal mínimo de densidad en oficinas en México —que es de 9.3 metros por trabajador— podrían albergar a más de 45,000 empleados. Lo suficiente para poblar, sin salir de sus muros, localidades enteras como Tepoztlán (Morelos), Tulum (Quintana Roo) o Río Blanco (Veracruz). Así, no hablamos únicamente de arquitectura: es densidad humana potencial, comprimida en cinco puntos del mapa.
Sin embargo, la escala no asegura la ocupación. Aunque los edificios más grandes suelen estar en ubicaciones privilegiadas y tienen características sustentables y de alto nivel, ni su calidad ni su imponente tamaño garantizan que estén ocupados. Entre los cinco mayores de México, hay algunos prácticamente ocupados en su totalidad —como Centro Bancomer, Torre Anseli o Torre BBVA— y otros donde el vacío se extiende por decenas de miles de metros. En el Corporativo Chrysler, por ejemplo, casi una quinta parte del edificio está desocupada. Y en la Torre Mayor, la tasa de disponibilidad roza el 18 por ciento. En conjunto, más de 30,000 metros cuadrados entre ambos están esperando a un inquilino que convierta el espacio inerte en espacio vivo.
Al respecto, un análisis de SiiLA, titulado El Mito de los Rascacielos, confirma la desconexión entre la escala física y la estabilidad real. Según el reporte, ni la altura ni el tamaño de un edificio determinan su éxito comercial, ya que la correlación entre esas variables y la ocupación es prácticamente nula. En contraste, lo que define la demanda —concluye el estudio— no es la arquitectura, sino el tipo de inquilinos que un edificio puede atraer y retener, la flexibilidad de sus espacios y la capacidad de los propietarios para adaptarse a un mercado que ya no valora solo el tamaño, sino la funcionalidad y eficiencia reales del espacio.
Sin embargo, hay razones por las que ese modelo aún persiste. Los edificios masivos tienen virtudes innegables: concentran talento, reducen traslados, permiten operar a gran escala y proyectan identidad corporativa. Para una compañía que busca eficiencia logística, cohesión cultural o simplemente posicionamiento, un solo edificio puede funcionar como ecosistema, vitrina y símbolo.
De acuerdo con SiiLA Market Analytics, en México, el 55 % de los inquilinos que ocupan espacios a partir de 50,000 metros cuadrados pertenecen a cuatro industrias: finanzas, bienes raíces, servicios empresariales y tecnología. Son sectores que aún encuentran valor en la densidad y la centralización como parte de su estrategia operativa.
Pero esa concentración también conlleva vulnerabilidades. Cuando el uso se fragmenta, el valor también. Y cuando un solo inquilino se va, no se vacía una oficina: se detiene una ciudad vertical. Según los datos, uno de cada tres de estos edificios alberga a un solo inquilino. Esto supone que, en muchos casos, la apuesta es total, incluso cuando el dueño es el único inquilino. Y como toda apuesta total, lo que se juega no es solo el espacio. Es la estabilidad del edificio mismo.
Desde mediados de 2022, la tasa de disponibilidad en el mercado de oficinas ha mostrado una tendencia gradual a la baja, estabilizándose en torno al 20%. Aunque las cifras apuntan a una recuperación, el verdadero desafío no es exclusivamente volver a ocupar el espacio vacío, sino mantener el que ya está ocupado. Y en 2025, el éxito de los edificios dependerá de si los propietarios y desarrolladores logran alinear sus proyectos y desarrollos con las nuevas formas de trabajo, donde la flexibilidad laboral es indispensable para crear estrategias comerciales.
Al final, las oficinas que saldrán avante no serán necesariamente las más modernas, más grandes o lujosas, sino las más inteligentes.
Para saber más sobre las tendencias que moldean el mercado inmobiliario de oficinas, visita SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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