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¿Sabías que en México las naves industriales tienen una altura del techo promedio de entre nueve y diez metros, dependiendo del sector y del mercado? Sin embargo, hay casos que llevan el diseño a otro nivel. Propiedades como Litos-Negra Modelo, en el Estado de México, alcanzan los 20 metros, mientras que algunas naves del Poniente Industrial Park en Guadalajara llegan a los 17 metros.
Estas excepciones —que forman parte del 15% del inventario industrial mexicano con alturas superiores a los diez metros— son apenas la punta del iceberg. Las alturas de las naves industriales no sólo reflejan las dinámicas regionales y las necesidades logísticas, sino también la capacidad del sector para equilibrar diseño, funcionalidad y rentabilidad.
Más metros hacia arriba significan mayor capacidad de almacenamiento, flexibilidad para sistemas logísticos complejos y, bien aprovechados, operaciones más eficientes. Pero la altura también tiene sus límites: construir hacia arriba eleva los costos, exige sistemas más avanzados de ventilación y climatización, y conlleva el riesgo de desperdiciar espacio si no se utiliza plenamente.
Pero, ¿qué nos dicen las alturas del techo sobre el mercado inmobiliario industrial en México? Un análisis de SiiLA de casi 2,000 propiedades revela que el tamaño, la ubicación y la función de una nave son claves para entender cómo y por qué los techos se elevan.
En las naves industriales, el tamaño tiende a crecer en todas las direcciones. Las más pequeñas, de no más de 10,000 metros cuadrados, suelen tener techos de alrededor de 8.5 metros. Las medianas, con superficies de entre 10,000 y 50,000 metros cuadrados, alcanzan alturas promedio de entre nueve y diez metros. Y aunque las gigantes, aquellas que superan los 50,000 metros cuadrados, suelen destacarse con techos de más de 10 metros, estas alturas no son una regla escrita en piedra. Existen naves pequeñas que, por diseño o necesidades específicas, alcanzan alturas sorprendentes, mientras que algunas grandes priorizan otros aspectos antes que el espacio vertical.
La nave Litos-Negra Modelo ejemplifica muy bien esto, ya que su área bruta rentable (ABR) ronda los 3,000 metros cuadrados, pero su altura alcanza los 20 metros, diseñada específicamente para operaciones de última milla. En el extremo opuesto está la nave cinco del complejo Tulti Park I, una instalación de más de 130,000 metros cuadrados con una altura cercana a los 10 metros, adaptada para cubrir necesidades logísticas tradicionales.
El uso que se da a estas naves también influye en su diseño. Las destinadas a logística lideran con techos que promedian 9.5 metros, seguidas de las de manufactura, con 8.1 metros, y las enfocadas en última milla, que priorizan ubicación sobre altura, promedian 7.5 metros.
La ubicación, por su parte, revela tendencias regionales interesantes. En el centro del país, un mercado dominado por logística y última milla, las naves tienen las alturas promedio más altas, cercanas a los diez metros. Les siguen el Bajío y el noreste, con un enfoque mixto entre logística y manufactura pesada, con alturas superiores a los nueve metros. Finalmente está el noroeste, un mercado marcado por la manufactura, donde los techos promedian algo más de ocho metros.
En México, las naves industriales han crecido a lo ancho, salvo en regiones donde el terreno escasea o la infraestructura impone límites, como Tijuana, o en zonas centrales de la Ciudad de México, donde la falta de espacio ha dado paso al desarrollo de naves verticales. Pero esta solución, lejos de ser una excepción, está llamada a convertirse en una tendencia dominante a largo plazo. El nearshoring, la creciente complejidad de las cadenas de suministro y una relación comercial cada vez más estrecha con Estados Unidos están transformando el panorama. Los terrenos con uso de suelo industrial serán cada vez más limitados, no sólo por su extensión, sino también por los retos de permisos y capacidad de infraestructura. En este contexto, la verticalidad se perfila como una estrategia necesaria para maximizar espacio y enfrentar un mercado que exige eficiencia, ingenio y sostenibilidad.
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