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En el mercado industrial mexicano, las propiedades recién incorporadas han tendido a ser más grandes que lo que las empresas realmente demandan. Sin embargo, esta brecha se ha ido cerrando de manera constante en los últimos cinco años, con una reducción promedio del 11.1% anual. Así, por ejemplo, mientras que en 2020 las propiedades absorbidas fueron un 49% más pequeñas que las nuevas incorporaciones, en lo que va de 2024, esa diferencia se ha reducido a un 31%, según datos de SiiLA.
Esta tendencia sugiere un ajuste gradual entre lo que los desarrolladores están construyendo y lo que las empresas realmente necesitan.
Si el mercado ofrece una nave de mayor tamaño al de la demanda promedio a un precio por metro cuadrado competitivo, las empresas pueden beneficiarse del espacio adicional para futuras expansiones, aunque esto puede afectar la rentabilidad del propietario, quien podría capitalizar más si ajustara el precio acorde con la escasez de terrenos disponibles para naves de mayor envergadura, o eficientando el espacio al flexibilizar el inmueble para uso de múltiples inquilinos. Por el contrario, cuando las naves ofrecidas son más pequeñas de lo requerido, las empresas pueden optar por no arrendar, lo que incrementa el riesgo de disponibilidades prolongadas. Alternativamente, la necesidad de ajustar precios a la baja para cerrar acuerdos puede erosionar la rentabilidad del activo.
Es importante señalar que, además de la ubicación y las condiciones del mercado en cada región, como la disponibilidad de terrenos industriales, las reglas de zonificación y los costos de construcción, la clase del inmueble influye en la brecha de tamaños entre la oferta y la demanda.
En los edificios de clase A, que tienden a ser más grandes que los de menor clase, la diferencia entre lo demandado y lo ofrecido (-25% en 2024) suele ser menor que en los de clase B (-35% en 2024). Además, en el último lustro, la reducción promedio de esta diferencia ha sido más pronunciada en los edificios de clase A (-9% anual) en comparación con los de clase B (-1% anual). Esto supone que los edificios de clase A están mejor alineados con las necesidades del mercado, adaptándose más rápidamente a las demandas de espacio.
En el norte y el Bajío de México, la diferencia de tamaño entre las propiedades absorbidas y el nuevo inventario es mayor que en el centro del país. Según datos del primer semestre de 2024 de SiiLA Market Analytics, en la zona conurbada del Valle de México, las naves demandadas son un 26% más pequeñas que las ofertadas. En cambio, excluyendo casos excepcionales como Monterrey, Saltillo y San Luis Potosí, la diferencia en el norte y el Bajío es de aproximadamente un 33%.
En Monterrey, esta diferencia es mínima, con sólo un -5%, lo que la sitúa muy por debajo de la tendencia en el norte y el resto del país. Esto está relacionado con el perfil de las compañías en la región, donde la demanda de naves a la medida supera el tamaño promedio a nivel nacional.
Por su parte, en Saltillo y San Luis Potosí se observa una dinámica contraria a la tendencia nacional. En estas regiones, las naves absorbidas tienden a ser de mayor tamaño que las incorporadas al mercado durante la primera mitad del año. En Saltillo, que se asemeja a Monterrey al ser el tercer mercado con las naves de mayor tamaño del país, la diferencia es mínima (1%). En cambio, en San Luis Potosí, las propiedades demandadas fueron hasta un 15% más grandes que el nuevo inventario, ubicándose entre las cinco regiones mexicanas con el mayor tamaño promedio de naves industriales.
A pesar de la creciente tendencia hacia el aumento en el tamaño de las naves industriales, impulsada por la expansión de la demanda en sectores manufactureros y logísticos, el mercado muestra signos de maduración al ajustar la oferta a las necesidades específicas de cada región y clase de inmueble. Este ajuste es crucial en un entorno donde la eficiencia operativa y la optimización del espacio son tan valoradas como el tamaño en sí, especialmente en áreas de última milla.
No obstante, lo verdaderamente revelador no es que la brecha entre la oferta y la demanda se esté cerrando, sino que lo está haciendo en un mercado que se diversifica y se especializa cada vez más. Sin embargo, este camino hacia la optimización no está exento de desafíos. Los desarrolladores se enfrentan a la creciente escasez de terrenos adecuados y a un entorno regulatorio cada vez más complejo, lo que puede limitar su capacidad para responder rápidamente a las cambiantes demandas del mercado. Además, el riesgo de sobreoferta en ciertas áreas, especialmente en aquellos mercados que aún no han alcanzado un equilibrio claro, podría presionar la rentabilidad de los activos en el mediano plazo.
En ese sentido, el reto radicará en construir más o en mayor cantidad, y hacerlo de manera estratégica y adaptativa. Los desarrolladores deberán enfocarse en crear espacios flexibles que puedan ajustarse a las necesidades cambiantes del mercado y en identificar las áreas donde la demanda real justifica nuevas inversiones. La capacidad de anticiparse a las tendencias y de equilibrar cuidadosamente la oferta con la demanda será crucial para mantener la rentabilidad y asegurar el éxito a largo plazo. En definitiva, la clave será construir con visión, no sólo con volumen.
Para saber más de las tendencias en el mercado inmobiliario industrial mexicano, explora SiiLA REsource o escríbenos a contacto@siila.com.mx.











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