Los Edificios Sustentables Cobran Más, Pero Quizá No por Ser Sustentables
- Los edificios certificados pierden su sobrecosto de mantenimiento al comparar inmuebles similares, pero conservan una prima de renta cercana al 5%.

En Ciudad de México, más de uno de cada cinco edificios de oficinas de clases A+, A y B cuenta con certificación sustentable, de acuerdo con datos de SiiLA. Estos inmuebles —cuya certificación se ha asociado con ahorros energéticos de entre 25% y 30% en Estados Unidos— registran cuotas de mantenimiento 12.5% superiores en promedio a las de los edificios no certificados. Sin embargo, ¿esa diferencia se debe realmente a la certificación?
Los datos indican que no necesariamente, puesto que, cuando se consideran factores como la clase, ubicación, antigüedad, tamaño y ocupación de los edificios, la diferencia estimada en las cuotas de mantenimiento se reduce de unos 50 a apenas seis centavos de dólar mensuales por metro cuadrado, un resultado que no es estadísticamente significativo. Esto sugiere que buena parte de la diferencia inicial está relacionada con las características de los inmuebles, más que con su certificación sustentable.
Basta observar cómo se distribuyen los edificios certificados para encontrar parte de la explicación. Casi nueve de cada diez son de clase A+, que registra las cuotas de mantenimiento más elevadas de Ciudad de México. Entre los inmuebles sin certificación, en cambio, apenas uno de cada siete pertenece a esa categoría.
En las rentas, sin embargo, ocurre algo distinto. Los edificios certificados registran precios 16.7% superiores en promedio y, aunque esa diferencia se reduce a alrededor de 5% cuando se consideran las mismas características inmobiliarias, sigue siendo estadísticamente significativa. Esto no demuestra que la certificación, por sí misma, permita cobrar más renta, pues podrían intervenir otras características de los edificios que el análisis no contempla, como la calidad de sus instalaciones, equipamiento o servicios.
Ahora bien, que los edificios certificados tengan rentas más elevadas no significa necesariamente que sus ocupantes terminen pagando más en conjunto, considerando que una infraestructura más eficiente puede reducir el consumo de electricidad, agua y otros servicios. No obstante, para determinar si esos ahorros compensan las diferencias de renta sería necesario conocer cuánto ahorran efectivamente los ocupantes de cada inmueble.
Pero incluso si esos ahorros existen, el beneficio económico que puede generar un edificio sustentable no depende únicamente de cuánto consigue ahorrar, sino también de quién recibe esos ahorros. Por ejemplo, una empresa que paga directamente la electricidad puede beneficiarse de una infraestructura más eficiente sin que ese ahorro se refleje en las cuotas de mantenimiento, mientras que el propietario podría recuperar su inversión mediante una renta más elevada. Así, una misma mejora puede representar un ahorro para quien ocupa el inmueble y una oportunidad de obtener mayores ingresos para quien lo posee.
La importancia de distinguir entre estos costos y beneficios podría aumentar en Ciudad de México, donde, desde mayo de 2026, la regulación ambiental permite a la Secretaría del Medio Ambiente exigir que los edificios con al menos 100,000 metros cuadrados de construcción o 5,000 metros cuadrados de terreno se incorporen a su programa de certificación sustentable. Aunque se trata de un esquema distinto de LEED y otras certificaciones, y su aplicación no es automática, la medida podría convertir la sustentabilidad en una obligación legal para algunos de los inmuebles más grandes de la capital.
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